Archive for 29 septiembre 2012

Los ángeles, mensajeros de Dios

Del santo Evangelio según san Juan 1, 47-51

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño. Le dice Natanael: ¿De qué me conoces? Le respondió Jesús: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Le respondió Natanael: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel. Jesús le contestó: ¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores. Y le añadió: En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.
Oración introductoria

Señor, como Natanael, quiero ser sincero y auténtico, en mi mente y en mi corazón, para tener la posibilidad real de tener un encuentro de amor contigo en esta oración. Tú sabes que trato de ser fiel a mi fe, que confío en tu providencia y misericordia, y que te amo con todo mi corazón. Envía tu Espíritu Santo para que ilumine y guíe esta meditación.

Petición

Ángel de mi guarda, ayúdame a ser un auténtico discípulo y misionero de Cristo.

Meditación del Papa

También la vocación de Pedro, según escribe el evangelista Juan, pasa a través del testimonio de su hermano Andrés, el cual, después de haber encontrado al Maestro y haber respondido a la invitación de permanecer con Él, siente la necesidad de comunicarle inmediatamente lo que ha descubierto en su “permanecer” con el Señor: “Hemos encontrado al Mesías -que quiere decir Cristo- y lo llevó a Jesús”. Lo mismo sucede con Natanael, Bartolomé, gracias al testimonio de otro discípulo, Felipe, el cual comunica con alegría su gran descubrimiento: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés, en el libro de la ley, y del que hablaron los Profetas: es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret”. La iniciativa libre y gratuita de Dios encuentra e interpela la responsabilidad humana de cuantos acogen su invitación para convertirse con su propio testimonio en instrumentos de la llamada divina. Benedicto XVI, 25 de abril de 2010.

Reflexión

Los grandes arcángeles de Dios testimonian para nosotros la fidelidad y la pasión y celo con que los hijos de Dios han de alabar a su Creador. Ellos, lejos de ser seres desconocidos y “mitológicos” representan los mejores compañeros de viaje, los mejores sanadores del corazón, los mejores defensores de los intereses de Dios en el mundo.

San Miguel es el fiero defensor de Dios. La narración del Apocalipsis nos lo muestra expulsando a satanás de los dominios de Dios, al gran traidor y padre de la mentira que osó rebelarse contra un Dios tan bondadoso. Encendido de celo por el Señor blandió la espada y arrojó a todos los obradores de iniquidad al único lugar en donde pudiesen soportar su soberbia y su rebelión. Por eso san Miguel es en quien el cristiano halla el mejor baluarte para defenderse de las asechanzas demoníacas y gran modelo de fidelidad a Dios. De él hemos de aprender el celo por las cosas de Dios, celo que consume de pasión y que lleva a una acción inmediata, tajante, sobre todo cuando Dios se está viendo ofendido por sus enemigos que incitan sin cesar a la rebelión y desunión.

San Gabriel quizás fue el más afortunado de entre todas las criaturas celestes. A él siempre lo mandaron a dar mensajes. A él le tocó dar el mensaje más hermoso jamás oído a la criatura más hermosa jamás vista. Hablar de él lleva irremediablemente a la contemplación de la Toda Pura, Nuestra Madre de cielo, María. Su ejemplo nos debe enseñar a predicar sin miedos los designios de Dios a nuestros hermanos en la fe y, sobre todo, a testimoniar las maravillas obradas por Dios en Ella. Levantemos confiados la mirada a la Madre y pidamos auxilio al arcángel mensajero para ser fieles a la palabra de Dios en el mundo.

San Rafael representa la mano providente de Dios que no se olvida de sus hijos que sufren en el mundo. A él le tocó sanar muchas heridas del cuerpo y, sobre todo, del alma. Por eso es el arcángel que cura, que alivia las penas del alma, que sabe confortar y comprender al que sufre. De él hemos de aprender a ser un consuelo más que un horrible peso, para el hermano que lo necesita. De él, la confianza inamovible en la acción cierta de Dios en el mundo.

De los tres hemos de aprender a saber servir más que ser servidos. Porque los ángeles son ministros de Dios. Y de los tres a estar pendientes de su cierta acción en favor nuestro. ¿Quién sabe si un día cualquiera hemos sido ayudados por un ángel del Señor?

No cerremos las puertas a nadie, no sea que se las estemos cerrando a uno de estos mensajeros, o más terriblemente, al mismo Señor de la vida y de la historia.

Propósito

Aprender de los Arcángeles, el deseo de servir siempre.

Diálogo con Cristo

Jesús, no quiero aparecer ni hacer más, mi aspiración es amarte más, y como consecuencia, a los demás. No pretendo conocer más, sino tener una relación íntima contigo. Por ello quiero ofrecerte mi esfuerzo de perseverar en la oración, de acrecentar mi vida sacramental y de meditar más tu Palabra, sólo así lograré mi anhelo y podré dar un testimonio que atraiga a los demás.

La confesión de Pedro

Del santo Evangelio según san Lucas 9, 18-22

Y sucedió que mientras Él estaba orando a solas, se hallaban con Él los discípulos y él les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que un profeta de los antiguos había resucitado». Les dijo: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contestó: «El Cristo de Dios». Pero les mandó enérgicamente que no dijeran esto a nadie. Dijo: «El Hijo del hombre debe sufrir mucho, y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar al tercer día». 

Oración introductoria

Señor, Tú supiste buscar el mejor lugar y el mejor momento para la oración. Hoy yo quiero hacer lo mismo. Ven, Espíritu Santo, te pido que al comenzar esta meditación enciendas en mí el fuego de tu amor. Hazme dócil a tus inspiraciones y ayúdame a corresponder a ellas con generosidad.

Petición

Jesús, ayúdame a tener ese conocimiento interno de Ti que es un don del Espíritu Santo.

Meditación

El Evangelio que hemos escuchado nos presenta un momento significativo del camino de Jesús, en el que pregunta a los discípulos qué piensa la gente de él y cómo lo consideran ellos mismos. Pedro responde en nombre de los Doce con una confesión de fe que se diferencia de forma sustancial de la opinión que la gente tiene sobre Jesús; él, en efecto, afirma: “Tú eres el Cristo de Dios”. ¿De dónde nace este acto de fe? Si vamos al inicio del pasaje evangélico, constatamos que la confesión de Pedro está vinculada a un momento de oración: “Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban con él”. Es decir, los discípulos son incluidos en el ser y hablar absolutamente único de Jesús con el Padre. Y de este modo se les concede ver al Maestro en lo íntimo de su condición de Hijo, se les concede ver lo que otros no ven; del “ser con él”, del “estar con él” en oración, deriva un conocimiento que va más allá de las opiniones de la gente, alcanzando la identidad profunda de Jesús, la verdad. Benedicto XVI, 20 de junio de 2010.

Reflexión

Hay preguntas que no admiten evasivas. En un momento central de la vida cada uno tiene que enfrentarse consigo mismo para hacer luz en su conciencia. Puede ser este el punto de arranque para lograr una vida más serena y comprometida.

Jesús es el Mesías, como reconoce Pedro, pero este mesianismo no se mostrará plenamente más que en la cruz y en la resurrección. Es la piedra de toque. Un cristiano no se entenderá sin la vivencia de la cruz y de la resurrección. Acompañar a Jesús en el triunfo a todos nos agrada, pero seguirlo hasta la muerte requiere coraje, y resulta más fácil salir con evasivas que ligarte a un compromiso que pone en riesgo tu vida. Seguir al Mesías, y un Mesías crucificado, es lo que nos autentifica como cristianos; lo que nos da fuerza para aceptar el dolor; lo que nos capacita para dar una palabra de esperanza ante el sin sentido de la injusticia; lo que nos llena de alegría y paz el sabernos amados por Dios. El que confiesa a Jesús como el salvador de su vida y de la historia, ese es discípulo del Mesías.

Propósito

Revisar la cantidad y calidad de tiempo que dedico diariamente a mi oración personal, ¿cómo puede mejorar?

Diálogo con Cristo 

Señor Jesús, purifica nuestros labios para que podamos confesar tu nombre en medio de un mundo autosuficiente, y que la alegría de vivir contigo sea motivo para que los hombres te reconozcan como el Mesías, salvador del mundo.

Lo efímero del tweet

Como bien señala en su análisis el Instrumentum Laboris para el Sínodo sobre Nueva Evangelizaciónla cultura que propicia la red va a compañada por lo efímero, pasajero. Sin embargo, es imprescindible una mirada positiva, optimista, junto con un buen discernimiento.

Intentaré hablar con mucha sencillez. Para quien sepa poco de estas cosas, y está en su derecho a no meterse en demasiados jaleos e ir despacio con la tecnología, anoto lo siguiente: Twitter es la red de microblogging más importante del mundo, creada en 2006 y popularizada masivamente un año después, permite escribir mensajes de 140 caracteres como máximo que llegan a todos aquellos que son “tus seguidores”; y a la inversa, los usuarios reciben todos los mensajes públicos -tweets- que publican aquellas personas a quienes siguen. No diré más cosas generales, y paso a mi análisis.

1. Puedo seguir a tanta gente interesante, y que no conozco, que me he obligado a mí mismo a agruparlos por listas. Es decir, Twitter me ha abierto un mundo de relaciones en el que puedo descubrir con mucha sencillez a gente que no conozco y que me parece interesante en todo lo que aporta. En esto soy selectivo, filtro lo que me interesa, lo que no me interesa, y sigo lo que me parece interesante. Todo un ejercicio de discernimiento, que me he planteado muchas veces porque conocer a personas que piensan como yo y pueden aportarme novedades, recursos, ideas, o con quienes puedo compartir también algo de vida y de proyectos es maravilloso. Pero también es interesante, muy interesante y recomendable, seguir a personas que no piensan igual y con quienes poder debatir. Y es posible, y fácil al mismo tiempo. Lo importante: la grandiosidad de la humanidad, al menos en sus palabras, deseos y proyectos. En internet se comparte un espacio -así se le llama- pero le queda mucho para alcanzar la realidad de la convivencia y el trato cercano. No me parece que sea una crítica dura, tanto como para negar la bondad de la red, sino que es una aportación que al menos suscita una necesaria cautela y juicio. Se conoce a las personas, pero no totalmente. Y este margen de “ocultamiento” tiene sus riesgos: idealizar, demonizar, supravalorar o infravalorar. Es una herramienta para conocer, y es positiva en su justa medida.

2. Los mensajes son tan breves (140 caracteres, esto es, 140 pulsaciones del teclado) que obligan a la síntesis, y se han desarrollado acortadores de enlaces-links porque de otro modo sería imposible hacer anotaciones, por muy básicas que sean. Por otro lado, para agrupar una aportación dentro de un tema más general, aparecen los hahstags -almohadilla seguida de una palabra- porque tampoco sería viable explicar a cuento de qué se dice tal o cual cosa. La síntesis es muy positiva, igualmente, y terriblemente traicionera; porque obliga a decorar mínimamente, pierde riqueza el vocabulario, el ingenio se ve limitado, y lo que es peor a mi juicio, se dicen mentiras demasiado grandes por no entrar en detalles. Por ejemplo, está bien expresar que “la vida es maravillosa”, siempre y cuando no se quiera decir con eso que “toda la vida es maravillosa”, y menos aún que “en la vida no hay desgracias”. Pero eso, que entrar en detalles cuesta muchas palabras, tiempo de conversación y sinceridad. Y en twitter ninguna de esas realidades es posible. Quizá en twitter aparezcan referencias a otros lugares de la red con más detalles, y está bien compartir links; pero caigamos en la cuenta de que un mini-mensaje en forma de titular de periódico esconde demasiadas intenciones algunas veces. El ejemplo que he puesto antes no es perjucial para nadie, salvo los inconscientes que no hayan vivido realmente y que no se den cuenta de la diversidad de la vida. Alguien dirá que es simplemente un mensaje positivo, y que hará bien a muchos, y no seré yo quien se niegue a la positividad en el mundo, cuando convivo en ambientes tan “depresores” muchas veces; sólo aporto que quedarse encerrado en un mundo tan limitado como los tweets obligaría a hacer desaparecer las grandes reflexiones de la humanidad, y las buenas conversaciones entre amigos y sabios.

3. Lo que veo en mi pantalla, es una enésima parte de lo que hay en toda la red. Y más aún, es una ínfima parte desproporcionada de todo lo que quizá me interesaría. Lo cual es altamente relevante y revelador: sitúa a cada uno en sus propios límites, los límites del trato humano, que sólo puede hacerse cargo de un poco de la vida general de la humanidad. Incluso de lo más importante, anoto. En mi caso, si en algún momento tuve la oportunidad de leer todo lo que aquellos a los que seguía publicaban, ahora reconozco que he desistido en mi empeño. Me he obligado a mí mismo, como decía al principio, a seleccionar algo de lo que me interesa y reconocer que debo conformarme con lo poco a lo que tengo acceso. Y la mayor parte de las veces, dicho sea igualmente, ni siquiera bajo en la línea de tiempo para seguir descubriendo las aportaciones recientes. El móvil, que es más sabio y no quiere agobiarme, recorta el mismo los espacios de tiempo más amplios y me los oculta para que no sufra. Intentar seguir todo es imposible. Intentar estar a todo, es de necios. Y quedarse con lo mejor es muy difícil. Creo que está muy anticuado el estudio que sitúa la vida media de un tweet en una hora (sinceramente, esto sólo lo puede decir alguien que quiera manipular la información o que sea un completo ignorante); yo valoro la vida media de un tweet, teniendo en cuenta todo lo que leo, en no más de 10 segundos.

4. Lo efímero de Twitter, significa al mismo tiempo que está renovándose continuamente. Que al instante aparecen cosas. Que en una hora aparecen en la línea de tiempo de un usuario medio más de 500 mensajes nuevos. Lo cual significa -ya lo dije- que me niego a perder todo el tiempo de mi vida en algo que no sé a dónde me llevará. Y obliga al mismo tiempo a seleccionar las búsquedas. De hecho, últimamente cuando me siento en Twitter he pensado antes qué quiero encontrar, qué estoy dispuesto a entregar, y qué estoy haciendo en la red. Busco algo educativo, busco algo personal, busco diálogo… Sin negarme a la sorpresa de encontrar algo más de lo que estaba en mis planes, que sucede con frecuencia. La diferencia está en consultar las listas creadas o que otros siguen, o un tema concreto, e intentar seguir sin criterio la inmensidad del océano. Esta característica efímera de Twitter, donde los mensajes valen poco y casi no se ven las personas -sólo sus acciones, por separado de sus pensamientos, escindidos de sus sentimientos, y sin globalidad- me parece peligrosísima. No estamos llamados a lo efímero, por mucho que lo efímero se presente ante nosotros con la ventaja de la fácil receptividad. No estamos preparados para dejarnos encerrar, como humanidad y desde la propia humanidad, en la pequeñez más absoluta de los 140 caracteres, como si pudiésemos en algún momento, por corto que sea este tiempo, desprendernos de nuestra complejidad sin que pase nada. La grandeza del ser humano está en la medida en que todo dura más de un día, de una hora, de un segundo y se prolonga a sí mismo buscando lo eterno, lo que no tiene fin, aquello de lo que desconoce el principio.

5. Todos los mensajes públicos parece que no van dirigidos a nadie en concreto, o que sería lo mismo que decir que se habla por hablar, que se intenta aportar algo pero no se sabe muy bien hasta dónde va a llegar, a quién puede servir. Es más, quizá a alguien le haya venido estupendamente, y no te dirá nada, porque no tiene que hacerlo, ni se acordará de dónde venía. Los mensajes públicos son -perdonadme la crítica- de lo más impersonal que existe, y sus características, analizadas convenientemente, desvelarían que no tienen mucho de humano. Quizá lo más importante es hablar a alguien, tener trato con personas, y no lo sea lanzar mensajes al aire. Por darle la vuelta, también es cierto que eso significa algo así como que la palabra se expande de tal manera que llega más allá de lo que hubiéramos podido imaginar. La utilidad del RT es precisamente que alcance a personas desconocidas, que ni sigues, ni te siguen… y tiene por tanto algo también de bello, en la medida en que posea en sus entrañas algo igualmente bueno. Siempre poniéndonos en el mejor caso; y parto de que no siempre podemos ser tan idiotas de pensar que todos quieren hacer bien.

Hablar de Dios

Hablar de Dios a todos y con todos

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica resume bien la respuesta que se puede dar a esta pregunta, en el n. 5:

“Se puede hablar de Dios a todos y con todos, partiendo de las perfecciones del hombre y las demás criaturas, las cuales son un reflejo, si bien limitado, de la infinita perfección de Dios. Sin embargo, es necesario purificar continuamente nuestro lenguaje de todo lo que tiene de fantasioso e imperfecto, sabiendo bien que nunca podrá expresar plenamente el infinito misterio de Dios”

Vayamos por partes. Primero: “Se puede hablar de Dios a todos y con todos, partiendo de las perfecciones del hombre y de las demás criaturas, las cuales son un reflejo, si bien limitado, de la infinita perfección de Dios”.

Como somos criaturas de Dios, somos “imágenes” suyas (las personas: el Génesis dice que nos creó a su imagen y semejanza), o, al menos llevamos las “huellas” de nuestro creador (los demás seres: animales, vegetales, resto del cosmos: estrellas, montañas, etc.). Es decir, todas las cosas “reflejan”, aunque no perfectamente, algo de Dios.

A partir de las perfecciones de las criaturas

Así, cuando vemos algo bello, podemos darnos cuenta de que Dios es “también así”, sólo que mucho más, infinitamente. Cuando vemos que una persona obra bien, o tiene buen corazón, podemos darnos cuenta sin equivocarnos, de que Dios es bueno y su corazón es infinito.

Cuando contemplamos unos paisajes hermosos, o los vemos en una película como “El camino a casa” (Wo de fu quin mu quin, The Road Home, Zhang Yimou, 1999) -que también manifiesta gran delicadeza en la expresión del amor humano-, podemos pensar y decir sin error: Dios es algo así, pero muchísimo más, infinitamente más.

Un paso adelante: “Sin embargo, es necesario purificar continuamente nuestro lenguaje de todo lo que tiene de fantasioso e imperfecto, sabiendo bien que nunca podrá expresar plenamente el infinito misterio de Dios”.

Hemos dicho que toda belleza y bondad nos lleva a la belleza y bondad de Dios. Pero Dios no es bello “solamente” como lo son las estrellas, las montañas, las flores o las estrellas… que son un “pálido” reflejo de su belleza. Por más que nos imaginemos, nuestra fantasía nunca nos dará una imagen “del todo real” de Dios, sino sólo aproximada.

Aquí abajo, en la tierra, dice San Pablo, podemos “ver” a Dios (a través de las cosas creadas, y mucho más si están iluminadas por las realidades de la fe), pero siempre “entre sombras”. Luego, en el cielo, lo veremos “cara a cara” (1 Co 3, 12; cf. 1 Jn 3, 2); es decir, como es en verdad.

Dios es siempre más… y a la vez se hizo asequible en Jesús

En resumen: nuestro lenguaje puede expresar cosas verdaderas de Dios, partiendo de las perfecciones en las cosas que vemos. Pero al mismo tiempo, precisamente porque las cosas creadas no son perfectas (no son Dios), tenemos que corregir siempre nuestra “mirada” y tener en cuenta, cuando hablamos de Dios (aunque no lo digamos así continuamente), que Dios es siempre “mucho más” que lo que estoy viendo, que lo que estoy sintiendo, que lo que estoy hablando.

Así se entiende lo que dice el Catecismo en el n. 43, citando a Santo Tomás de Aquino: en realidad, cuando captamos algo de las perfecciones de Dios a través de sus criaturas, deberíamos acordarnos de que Dios es “algo así”, pero también es seguro, y mucho más seguro, que eso “no es Dios”; porque Dios es siempre mucho más, tiene eso bueno que captamos pero lo supera en dimensión infinita, es algo inimaginable, que nos sobrepasa por todas partes. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que Dios se nos ha hecho cercano y asequible, ¡visible! en Jesús: sus amigos le tocaron, la hemorroisa se curó por tocar sólo la esquina de su manto. ¡Dios fue un niño “como” los demás! ¡Jesús utilizó un lenguaje humano: el arameo!

Concluyendo: no hemos de tener miedo en “hablar con Dios” (Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la oración) y “hablar de Dios”, sobre todo con nuestros parientes y amigos. Ciertamente, no podemos pretender que lo que decimos sea capaz de describir Su infinita belleza, bondad y verdad, porque somos poca cosa, nuestra experiencia es limitada y nuestro lenguaje también es limitado, pero lo que decimos puede ser verdadero, aunque no sea capaz de alcanzar toda la Verdad, Bondad y Belleza de Dios.

Jesús utilizó un lenguaje humano

En efecto, nuestro lenguaje no se equivoca “del todo” especialmente cuando empleamos las palabras que Dios mismo ha querido que usemos, porque se emplean en la Sagrada Escritura o en la Tradición de la Iglesia. Así sucede particularmente cuando usamos el lenguaje, sencillo y a la vez profundo, que Jesús mismo empleó para hablar con María y José, con sus discípulos, con la gente que le rodeaba.

Cuando Jesús hablaba de los panes y de los peces, del vino, de la vida, etc., todos entendían esas palabras. Y a la vez, su lenguaje era muy profundo: era Dios hablando con un lenguaje humano en una doble dimensión: el lenguaje de su amor y de su entrega, avalados por el lenguaje de sus palabras. Un lenguaje tan profundo que seguimos descubriendo “cosas nuevas” en lo que nos dijo, y seguiremos haciéndolo hasta el fin del mundo, sobre todo los cristianos, con la ayuda del Espíritu Santo, en la Iglesia.

El lenguaje de la vida y de las palabras

Los cristianos podemos hablar de Dios, en la medida en que previamente hablemos con Dios (en la oración) y que nuestra vida sea auténticamente cristiana, coherente. Porque así nuestra “primera palabra” será esa vida nuestra, con sus hechos. Y entonces, nuestras palabras “sobre Dios” no sólo serán adecuadas, sino que tendrán una eficacia divina, porque serán explicación de la vida que vivimos con Cristo; y por tanto, llevarán a muchos hacia Él. Cristo fue (¡es!) “la Palabra” de Dios hecha carne. Y quiere que esa palabra siga encarnándose y resonando a través de nuestra vida y de nuestras palabras.

Herodes oye hablar de Jesús

Del santo Evangelio según san Lucas 9, 7-9

Se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?» Y deseaba verle

Oración introductoria

Señor Jesus, con la señal de la cruz inicio mi oración pidiendo la asistencia de tu Santo Espíritu. No me mueve la curiosidad, busco encender en mi corazón la fe y el amor al Padre y la alegría de ser cristiano. Ilumina mi mente y despierta en mí el deseo de contemplarte.

Petición

Jesús, ayúdame a orar con atención, para que día con día vaya creciendo en el amor a Dios y los demás.

Meditación

Los tres sinópticos coinciden en afirmar que, según la gente, Jesús era Juan el Bautista, o Elías o uno de los profetas que había resucitado; Lucas había contado con anterioridad que Herodes había oído tales interpretaciones sobre la persona y la actividad de Jesús, sintiendo por eso deseos de verlo. Mateo añade como variante la idea manifestada por algunos de que Jesús era Jeremías. Todas estas opiniones tienen algo en común: sitúan a Jesús en la categoría de los profetas, una categoría que estaba disponible como clave interpretativa a partir de la tradición de Israel.[…] Todas estas opiniones no es que sean erróneas; en mayor o menor medida constituyen aproximaciones al misterio de Jesús a partir de las cuales se puede ciertamente encontrar el camino hacia el núcleo esencial. Sin embargo, no llegan a la verdadera naturaleza de Jesús ni a su novedad. Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, primera parte, pág. 117.

Reflexión

¡Quería ver a Jesús!

La curiosidad es buena, ella nos despierta a la vida. Un niño está siempre manoseando, curioseando los juguetes y cuanto encuentra en su derredor. Necesita saber.

No es este el caso de Herodes. Se había enterado de que en torno a Jesús había un movimiento de gente que le seguía; que ese tal Jesús hacia milagros y prodigios, que en el asombro, incluso se pensaba si habría vuelto Elías… Todo ello despertó recelos y una inquietud curiosa que no dejaba tranquilo el corazón de Herodes.

¿Por qué quería ver a Jesús? No ciertamente para seguirlo, más bien temeroso de que alguien le quitara en poder. ¿No había mandado matar a los niños cuando se enteró de que había nacido “el rey de los judíos”?

El miedo es mal consejero y peor compañero aunque aparente los modales más finos y corteses.

Propósito

La pureza de corazón y la rectitud de intención deben ser valores a potenciar por cada uno de nosotros para que así la paz sea nuestra dicha.

Diálogo con Cristo 

Señor Jesús, libra nuestro corazón de todo mal deseo, purifica nuestra inteligencia de todo pensamiento malo, fortalece nuestra voluntad para amarte a ti sobre todas las cosas y servir a los hombres en sus necesidades para que así el mundo sea un hogar de paz para todos.

No toméis nada para el camino

Del santo Evangelio según san Lucas 9, 1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos. Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.

Oración introductoria

Señor, quiero ponerme en camino para predicar tu Reino con mi testimonio de vida. Inicio poniendo en tus manos mi intención y te pido, en esta oración, que me concedas un corazón generoso y seguro de su misión, para la cual sólo necesito de tu gracia.

Petición

Jesús, dame tu gracia para ser un auténtico discípulo y misionero de tu amor.

Meditación del Papa

Jesús no solamente envió a sus discípulos a curar a los enfermos, sino que instituyó también para ellos un sacramento específico: la Unción de los enfermos. La Carta de Santiago atestigua ya la existencia de este gesto sacramental en la primera comunidad cristiana. Si la Eucaristía muestra cómo los sufrimientos y la muerte de Cristo se han transformado en amor, la Unción de los enfermos, por su parte, asocia al que sufre al ofrecimiento que Cristo ha hecho de sí para la salvación de todos, de tal manera que él también pueda, en el misterio de la comunión de los santos, participar en la redención del mundo. La relación entre estos sacramentos se manifiesta, además, en el momento en que se agrava la enfermedad: “A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático”. En el momento de pasar al Padre, la comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo se manifiesta como semilla de vida eterna y potencia de resurrección: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”. Puesto que el santo Viático abre al enfermo la plenitud del misterio pascual, es necesario asegurarle su recepción. Benedicto XVI, Exhortación apostólica post sinodal Sacramentum caritatis, n. 22.

Reflexión

¿Qué se necesita para predicar el Evangelio? Conocerlo. Nada más.

Vamos, pues, a descubrir dos lecciones que se esconden en este pasaje de san Lucas.

La primera es la profunda fe que debe tener el enviado a proclamar el Reino de Dios. Debe poner toda su confianza en Dios y no en sus propios recursos, sabiduría, medios técnicos, etc. Y esa fe exige también el desapego de las comodidades y la esperanza de que Dios proveerá todo aquello que necesite el apóstol para cumplir con su labor.

La segunda enseñanza va dirigida a los fieles que acogen al misionero, sacerdote o religiosa que viene de parte de Dios. Porque si ellos han entregado su vida, su tiempo y su esfuerzo para darnos a conocer lo más importante, ¿cómo vamos a despedirles sin darles ni siquiera de comer?

Jesús nos invita a atender las necesidades materiales de la Iglesia. Por ejemplo, ¿sabes cuántos seminaristas se están formando actualmente? ¿Y cómo lo harán para pagarse los estudios, la alimentación, el vestido, etc? Sería muy triste que un joven dejase casa, familia y amigos para abrazar la vocación sacerdotal y luego no tuviese medios para completar su formación.

Es buen momento para reflexionar en todo lo que nos da la Iglesia y ver qué aportamos nosotros a cambio.

Propósito

Acercar a Cristo, con mi oración y atención, a quien esté pasando por la enfermedad.

Diálogo con Cristo 

Señor, el mundo necesita apóstoles santos. La persona «moderna» se caracteriza por su insensibilidad e indiferencia ante las necesidades de los demás. Por eso confío en que esta oración me ayude a pasar mi vida haciendo el bien, pensando bien, hablando bien y dando no sólo lo que tengo, sino sobre todo, lo que soy, con sencillez y generosidad.

Los parientes de Jesús

Del santo Evangelio según san Lucas 8, 19-21

En aquel tiempo fueron a buscar a Jesús su madre y sus hermanos, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».

Oración introductoria

Señor, ayúdame a escuchar tu Palabra y a ponerla en práctica, porque eso es lo único que realmente cuenta para la eternidad. María fue la primera en entender y vivir esta verdad, por eso, tomado de su mano, le suplico que me guíe en esta oración.

Petición

María, intercede ante Dios por mí; alcánzame la gracia de amar a Jesús con tanto amor como lo hiciste tú.

Meditación del Papa

El vehículo de esta universalización es la nueva familia, cuya única condición previa es la comunión con Jesús, la comunión en la voluntad de Dios. Pues el Yo de Jesús no es un ego caprichoso que gira en torno a sí mismo. “El que cumple la voluntad de mi padre, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre”: el Yo de Jesús personifica la comunión de voluntad del Hijo con el Padre. Es un Yo que escucha y obedece. La comunión con El es comunión filial con el Padre, es un decir sí al cuarto mandamiento sobre una nueva base y a un nivel más elevado. Es entrar en la familia de los que llaman Padre a Dios y pueden decírselo en el nosotros de quienes con Jesús, y mediante la escucha a Él están unidos a la voluntad del Padre […] Resulta decisiva la fundamental comunión de voluntad con Dios, que se nos da por medio de Jesús. A partir de ella, los hombres y los pueblos son ahora libres de reconocer lo que, en el ordenamiento político y social, se ajusta a esa comunión de voluntad, para que ellos mismos den forma a los ordenamientos jurídicos. Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, primera parte, pág. 52.

Reflexión

Los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. Esto nos recuerda otra sentencia: “No todo el que dice Señor, Señor, sino el que hace la voluntad de mi Padre…” O aquella otra: “Por sus obras lo conoceréis”.

Y es que el seguimiento de Jesús hay que hacerlo desde la vida y la realidad de la fe. María, su familia, habían acompañado a Jesús en su crecimiento humano; ahora se les está invitando a dar el paso a la dimensión de la fe. Acompañar a Jesús en la tangibilidad de la carne, en cierto modo se hace fácil, pero adentrarse en su dimensión divina se vuelve todo un misterio difícil de asumir. Querer apresar a Jesús dentro de nuestros conceptos es la tentación de cada día, por eso la llamada constante a transcendernos, a vivir los valores del espíritu, a dejar a Dios ser Dios asumiendo con docilidad sus planes.

Propósito

Hacer hoy una oración especial por la unidad de todos los miembros de la Iglesia.

Diálogo con Cristo 

Oh, Dios, que a través de tu Hijo te has hecho Palabra encarnada, te pedimos quieras concedernos una mirada limpia para descubrirte en toda ocasión y así podamos disfrutar de la presencia de tu Rostro.