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Encontrar el Reino de los Cielos, gran alegría

Del Evangelio según san Mateo 13, 44-46

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

Oración Introductoria

Dulce Huésped del alma, Espíritu Santo, ven a visitar mi corazón para que me ayudes a encontrar los verdaderos tesoros por los cuales vale la pena dejarlo todo. Hazme digno depositario de tus dones e ilumina mi mente y entendimiento para escuchar tus palabras en este momento de oración en el que vengo humildemente a pedirte tu ayuda. Santifica mi vida para ayudar a otros a encontrarte.

Petición

Corazón de Jesús lleno de bondad, llena mi corazón de amor por ti y por los demás. Concédeme conocerte para amarte y poseerte como mi único tesoro. Hazme instrumento de tu amor para que todos se beneficien de las riquezas de tu gracia.

Meditación del Papa

Nos preguntamos: ¿Cómo podemos recibir y conservar este don de la alegría profunda, de la alegría espiritual? Un Salmo dice: “Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón”. Jesús explica que “El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo”. Encontrar y conservar la alegría espiritual surge del encuentro con el Señor, que pide que le sigamos, que nos decidamos con determinación, poniendo toda nuestra confianza en Él. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de arriesgar vuestra vida abriéndola a Jesucristo y su Evangelio; es el camino para tener la paz y la verdadera felicidad dentro de nosotros mismos, es el camino para la verdadera realización de nuestra existencia de hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza.
Buscar la alegría en el Señor: la alegría es fruto de la fe, es reconocer cada día su presencia, su amistad: “El Señor está cerca”; es volver a poner nuestra confianza en Él, es crecer en su conocimiento y en su amor. (Benedicto XVI, 27 de marzo de 2012).

Reflexión 

Es más fácil adiestrarnos en los negocios del mundo que en los “negocios” espirituales. Los primeros los medimos con ganancias materiales y tangibles, mientras que los segundos sólo los medimos con la fe y el amor. Esto no significa que sea difícil encontrar las riquezas de la vida espiritual, más bien quiere decir que si nosotros no podemos, hay que asesorarnos con quienes conocen este mundo de negocios de la eternidad. Dios nos ha dado muchos medios para poder encontrarlo a Él: la Palabra de Dios en las Sagradas Escrituras, la Santísima Virgen, los sacerdotes, los santos, los ángeles y tantas personas de buena voluntad que viven una vida ejemplar.

Las comparaciones que nos pone el Señor con su Reino, las entendemos con facilidad, porque conocemos lo que vale un cofre lleno de monedas de oro o una perla de valor incalculable, aunque nunca las hayamos tenido en las manos físicamente. Para nosotros debe haber sólo una perla, como le expresa el pasaje, pues no son varias porque disminuiría su valor. Nuestra única perla preciosa es Cristo, y quien lo posee conoce su valor. Quienes no lo conocen a Él, tampoco saben cuál es nuestro tesoro por el cual podemos llegar a dar la vida, como lo han hecho los mártires, los santos.

También hay quienes encuentran el campo donde está el tesoro, venden todo y luego lo compran. Ellos son los que eligen la vida religiosa, consagrada o sacerdotal; ellos dejan todo con tal de poseer las praderas donde está el Tesoro. Estas praderas son donde llegan a reposar y a descansar porque Cristo, el Buen Pastor y Único Tesoro, nos hace valorar las cosas en su justo precio. Cuando Jesús se convierte en nuestro único tesoro, también Él nos esmalta con las bellas joyas de la fe, de la esperanza, de la gracia, de las virtudes y del amor.

En un bello himno se lee que un apóstol no es apóstol si no es también un mensajero. Este tesoro que descubrimos lo será más en la medida en la que lo hagamos descubrir a los demás. Es curioso pensar que cuando encontramos a Dios, se transforma en la joya invaluable que nadie nos puede quitar si la cuidamos bien, y al mismo tiempo podemos hacer que otros lo encuentren, pero nunca podremos hacer que otros lo aprecien como lo único que vale si ellos mismos no lo valoran así. Esta es la experiencia de Dios en la vida espiritual, de la que más necesitamos conforme más la vamos conociendo y gustando.

Santa Teresita del Niño Jesús tiene una frase que encierra bien esta experiencia: «Jesús, dulzura inefable, convertidme en amargura todos los goces de este mundo». Quien encuentra este tesoro, sólo le pide a Dios no perderlo. Una sola es la Verdad, uno sólo el Camino, y una sola es la Vida, todo lo demás que hemos recibido de Dios en este mundo, no es malo, al contrario, pues si hubiera sido algo malo Él nunca nos lo habría dado. Pero las personas, las cosas, lo material está subordinado al único valor que está expresado en el primer mandamiento de la ley de Dios: amar a Dios sobre todas las cosas. En esta relación, lo demás será un don y una oportunidad para alabar y agradecer a Dios.

Propósito

Haré cinco minutos de oración para agradecer a Dios todas las personas, experiencias y cosas que me ha dado y permitido en mi vida y le pediré que lo descubra a Él como mi único Tesoro.

Diálogo con Cristo

Señor, Bondad infinita, yo te alabo y te doy gracias por haberme creado, por haberme permitido acercarme una vez más a ti y conocerte un poco más. Mira mi indigencia, mira mi pobreza y socórreme Tú. No permitas que mi corazón se llene de las cosas que tienen un valor efímero, de las caducas y pasajeras, y sobre todo de las que me vacían el alma y me apartan de ti. Vacíame de mí mismo y de mis egoísmos, para que sólo Tú me puedas llenar el alma y las ansias de felicidad y eternidad. Que tu Eucaristía sea mi prenda de eternidad para ganarme el cielo y los tesoros que nos has prometido. Amén.

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Mi madre y hermanos cumplen la voluntad de Dios

Del Evangelio según san Mateo 12, 46 – 50

Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte». Jesús le respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

Oración Introductoria

“Corazón de Jesús traspasado de amor por mí, haz mi corazón semejante al tuyo”. Abre, Señor, mi entendimiento para recibir tus palabras y hacerlas fructificar en mi vida. Renueva mis oídos del alma para escuchar tu mensaje, y concede a mi voluntad la fortaleza y decisión para cumplir tus designios de amor. Aumenta mi fe para verte en la oración; aumenta mi esperanza para entusiasmarme con el día en que pueda gozar eternamente de ti en el cielo y amarte sin fin.

Petición

Jesús, Señor de Misericordia, ayúdame a incrementar mi familiaridad contigo por la fe, de tal modo que te conozca cada vez más; y conociéndote, te ame más; y amándote, te imite más; e imitándote te siga y me entregue todo a ti sin reservas.

Meditación

“Quien acoge a Cristo en la intimidad de su casa se sacia con las alegrías más grandes”. El Señor Jesús fue su gran atractivo, el tema principal de su reflexión y de su predicación, y sobre todo el término de un amor vivo e íntimo. Sin duda, el amor a Jesús vale para todos los cristianos, pero adquiere un significado singular para el sacerdote célibe y para quien ha respondido a la vocación a la vida consagrada: sólo y siempre en Cristo se encuentra la fuente y el modelo para repetir a diario el “sí” a la voluntad de Dios. “¿Qué lazos tenía Cristo?”, se preguntaba san Ambrosio, que con intensidad sorprendente predicó y cultivó la virginidad en la Iglesia, promoviendo también la dignidad de la mujer. A esa pregunta respondía: “No tiene lazos de cuerda, sino vínculos de amor y afecto del alma”. Y, precisamente en un célebre sermón a las vírgenes, dijo: “Cristo es todo para nosotros. Si tú quieres curar tus heridas, él es médico; si estás ardiendo de fiebre, él es fuente refrescante; si estás oprimido por la iniquidad, él es justicia; si tienes necesidad de ayuda, él es vigor; si temes la muerte, él es la vida; si deseas el cielo, él es el camino; si huyes de las tinieblas, él es la luz; si buscas comida, él es alimento”. (Benedicto XVI, 2 de junio de 2012).

Reflexión 

En esta meditación no nos detendremos a elucubrar pensamientos sobre si Jesús tuvo hermanos o no, porque somos conscientes de que la palabra -hermano- y se usaba para designar a un rango muy amplio de familiares, parientes y cercanos. La virginidad de María, por gracia y designio de Dios, estuvo siempre intacta y San José fue siempre, con palabras del Evangelio, un justo y santo varón, el casto esposo de María.

Lo más importante es comprender que las palabras de Jesús no fueron ningún desaire para su Madre la Virgen Santísima. A primera vista puede parecer un rechazo o un desprecio hacia María. Pero hay que advertir que se trata de uno de los halagos y piropos más bellos a la Virgen María. El Señor les dice que la que le busca fuera del recinto no es sólo quien lo ha engendrado, sino quien más se ha destacado por cumplir la Voluntad de Dios. Es como darse cuenta de que no hay que reducir a su madre como a un simple hecho biológico, sino que Ella es el ser más excelso de la creación, la mujer que mejor ha obedecido a Dios reflejándolo en su incondicional “fiat”, “hágase”. De este modo, cualquiera que pretenda ser madre, hermano o hermana de Jesús, tiene que serlo primero por el fiel cumplimiento de la Voluntad de su Padre que está en los cielos.

Cristo quiere que seamos sus verdaderos hermanos o madres de Él, pero distinguiéndonos principalmente por nuestra docilidad al Padre. Todos deseamos tener el beneplácito del Señor, que Él nos mire y nos diga que nos conoce porque cumplimos la voluntad de Dios. ¿Dónde encontramos su voluntad? En nuestro deber diario según nuestra condición de vida, en los mandamientos, en hacer el bien, en transmitirlo a los demás, en vivir de cara a Dios.

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María, antes de concebir a Dios en su seno, lo concibió en la fe. Dicen los santos padres que Cristo elogia a su Santísima Madre en este pasaje, para elevarla más aún sobre todo parentesco meramente humano a la maternidad espiritual. Todos estamos llamados a ser cercanos a Jesús, familiares, parientes, pero sobre todo hermanos porque con el bautismo hemos sido recibidos en adopción divina y Él nos ha rescatado con su muerte para hacernos hermanos.

María es una persona muy importante en la misión de Cristo, y en Ella, nosotros estamos llamados a ser piezas clave para la continuación de la misión de Cristo en el mundo. Por este motivo, no podemos ser extraños o ajenos al Señor, pues no nos sentiríamos interpelados con el encargo, por ejemplo, de ir y proclamar el Evangelio a todas las naciones. Hay que conocer, amar a Cristo como un hermano, hermana o madre. Sólo desde el amor los lazos humano-divinos se fortalecen.

Propósito

Rezaré un misterio del rosario para pedir a María que me enseñe a valorar a Cristo y a descubrirlo en los demás, de modo que vea a las personas como hermanos a quienes puedo ayudar.

Diálogo con Cristo

Padre Santo, tú que te manifestaste en Cristo para que nos reconociéramos como hermanos, hijos tuyos, concédeme la gracia de comprender que el mejor modo de comportarnos como miembros de esta familia santa es cumpliendo tu voluntad. Ilumina mi mente para descubrir lo que quieres de mí y para ver el camino que debo seguir para encontrarte a ti. Mira mi debilidad, mis rencores, desánimos, errores y pecados, y bórralos con el fuego de tu amor para que sea un digno miembro de tu Iglesia.

Vivir con la lengua fuera

Creo que fue Tucholsky el que escribió una vez, ironizando sobre la gente «que vive con la lengua fuera»; de los que jadeantes y sin respiración van a la zaga en el tiempo, para que nada ni nadie se les escape; de quienes más que tener ideas viven de adaptarse, como camaleones, a lo que está de última moda. ¿Que impera el marxismo? Ellos se hacen marxistas o semimarxistas, si la cosa les asusta mucho.

¿Que es el existencialismo lo que lleva la moda? Pues a hacerse existencialistas. Y después, relativistas. Y luego, secularistas. Y más tarde, pasotas. Y finalmente, nihilistas. 0 lo que empiece a asomar en el horizonte.

Son como los esclavos de la moda. Sólo que la moda impera, al fin y al cabo, en los vestidos, mientras que ellos se esclavizan en la fugitividad a las ideas.

Es un tipo de seres más común de lo que puede creerse. Y no les angustia el tener o no razón. Pero les aterraría pensar hoy lo que es- tuvo de moda anteayer y no estar «al día». Viven literalmente con la lengua del alma fuera, haciendo correr a su cabeza tras las ventoleras de las opiniones.

Conozco personas cuya única ideología es elegir, entre las varias opiniones que circulan, la más puntera y avanzada. Gentes que se morirían ante la sola posibilidad de que alguien les tildara de «anticuados» o, lo que es peor, de «retrógrados». Hay quienes estarían dispuestos a dar su vida por sus ideas o por su fe, pero se pondrían coloradísimos primero y terminarían por fin traicionándola si en lugar de conducirles a la tortura les sometieran al único tormento de ser acusados de «beatos» o de conservadores. Son personas para las que no cuenta el substrato de su pensamiento, sino exclusivamente el último libro, periódico o revista que han leído. Son los tragadores de tiempo, los que creen que la verdad se rige por los relojes y opinan que forzosamente lo de hoy tiene que ser más verdadero que lo de ayer.

No parecen darse cuenta de que «el verdadero modernismo -como decía Tagore- no es la esclavitud del gusto, sino la libertad del espíritu». Tampoco se dan cuenta de que adorar a lo que hoy está de moda es dar culto a lo que mañana será anticuadísimo, porque no hay nada tan fugitivo como el fuego de artificio de la novedad.

Un hombre verdaderamente libre es aquel, me parece, que piensa y dice lo que cree pensar y decir, y jamás se pregunta si con ello está o no al último viento. Y será doblemente libre si no se encadena a grupos, a bloques de pensamiento.

Porque, en este tiempo más que nunca, la gente piensa por bloques. Un señor, por ejemplo, que se estime progresista tendrá que aceptar todo aquello que se sirve como tal: no sólo el deseo de libertad y de derechos humanos; no sólo el ansia de un mundo evolucionado, sino también el aborto, el permisivismo moral y el antimilitarismo.

¿Y si yo me sintiera progresista y, precisamente porque quiero serlo, me entregara a defender la vida o a combatir la droga?

A mí me divierte muchísimo -voy a confesarlo aquí- desconcertar a mis amigos, que ya no acaban de saber si soy abierto y moderno o tradicional y conservadorísimo. Eso de que no consigan encasillarme me entusiasma.

Incluso a veces hago alguna que otra pirueta para desconcertar y escribo artículos bastante «progres», para que los conservadores no crean que soy de los suyos, o más bien tradicionales, para que nadie me encasille en avanzadas que tampoco son mías.

Y cuando me preguntan si soy un hombre de derechas o de izquierdas, innovador o conservador, respondo siempre que soy simplemente un hombre libre que quiere ir diciendo siempre lo que piensa, sin estar obligado a decir forzosamente que es bueno lo que la moda pinta como avanzado o malo lo que otra rutina dibuja como conservador.

Porque nunca he creído que la verdad esté en bloque a la derecha o a la izquierda, en el ayer o en el mañana. Y creo que debo conservar libre mi juicio para reconocerla allí donde esté o donde yo la vea.

Claro que para esto hace falta otra segunda libertad de espíritu: la de ponerse por montera lo que la gente pueda decir de uno. Afortunadamente a mí sólo me preocupa lo que digan de mí Dios y mi conciencia, y puedo permitirme el lujo de sonreír ante críticas y comentarios.

Lo que no creo que un hombre deba hacer es pasarse la vida con la lengua fuera, buscando apasionadamente por dónde vienen los últimos tiros. Un hombre así puede servir para veleta, no para torre de catedral o pata almena de castillo. Y me parece mucho menos malo ser un poco orgulloso que ser esclavo y serlo de un señor tan variable y volandero como la moda.

10 razones para cuidar tu virginidad

El mundo actual en que vivimos ha perdido el genuino significado de las palabras.

VIRGEN= persona que ha vivido o vive en una continencia perfecta…persona que no ha tenido comercio carnal, tanto para la mujer como el hombre.

Estamos hablando sobre… EL VALOR DE ESTO, EN LA VIDA UNA PERSONA. Este tipo de virginidad se refiere tanto a UN TIPO DE PUREZA VIRGINAL QUE MANTIENE, UNA RELACIÓN  ENTRE ESPOSA Y MARIDO, QUE TIENE SU RELACIÓN SEXUAL (MIL VECES EN UNA VIDA), y a UNA PUREZA SENCILLA Y VIRGINAL ENTRE ELLOS, PORQUE, LA RELACIÓN NO ESTA CONTAMINADA CON OTRAS RELACIONES, FUERA DEL ORDEN DE DIOS, como también a la pureza de un joven o señorita antes del matrimonio.

DIOS NOS LLAMA A PUREZA SEXUAL.. Y NO A LA INACTIVIDAD SEXUAL , SI A LA ACTIVIDAD SEXUAL , PERO DENTRO DEL MATRIMONIO. 

Te presento 10 razones, por las cuales debes, como joven y/o señorita, cuidar tu virginidad:
1. La virginidad honra a Dios.
2. El valor de la virginidad es el símbolo de una lealtad a tu cuerpo y a Dios.
3. El valor de la virginidad da importancia a la pureza como un tesoro, que debe ser protegido y conservado.
4. El valor de la virginidad te da inocencia, pero no ignorancia.
5. El valor de la virginidad retiene para la única persona de su vida el regalo del sexo.
6. El valor de la virginidad es te permite seguir el orden divino y gozar luego de las bendiciones de Dios para el matrimonio.
7. El valor de la virginidad rechaza la idea que el amor requiere una relación sexual para ser realizado.
8. El valor de la virginidad rechaza la invasión del alma, y la pérdida de la pureza.
9. El valor de la virginidad toma un camino, que no permite que tu vida haya lugar para el mal y los vicios.
10. El valor de la virginidad ejerce dominio de si mismo, que le dará un sentido amplio de auto-valor.

A Dios lo que es Dios y al Cesar lo que es del César

A Dios lo que es Dios y al Cesar lo que es del César

El Papa comienza citando las palabras del Concilio Vaticano II, que reconoce la legítima autonomía de la esfera temporal. Pero inmediatamente observa: La política es más que una simple técnica para determinar los ordenamientos públicos: su origen y su meta están precisamente en la justicia, y ésta es de naturaleza ética» (No. 28).

Al decidir qué significa justicia para el estado y cómo puede esta alcanzarse, se abre para la fe un legítimo camino. Aplicar la fe a las cuestiones de la justicia, sostiene el Santo Padre, no significa que haya un intento de imponer la religión a los no creyentes. Más bien, esto puede purificar la razón humana, permitiéndole apreciar mejor las exigencias de la justicia. De la misma forma, la enseñanza social de la Iglesia también se basa en la razón y en la ley natural, y está por lo mismo de acuerdo con la naturaleza de todo ser humano.

Lejos de promover un programa político específico, la Iglesia busca estimular y formar las conciencias de modo que cada persona esté mejor preparada para responsabilizarse en asegurar una sociedad más justa. El quehacer político «no puede ser un cometido inmediato de la Iglesia», añade la encíclica.

La Iglesia no intenta sustituir al Estado. No obstante, «Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia», escribe Benedicto XVI. De hecho, observa, promover la justicia y el bien común «le interesa sobremanera».

Volviendo al tema principal de la encíclica, el Pontífice explica que incluso en una sociedad justa, el amor –la caridad– será siempre necesario. Además, la iniciativa personal, motivada por el amor, es importante para evitar una situación donde todo se deja al estado, que regula y controla todo.

No sólo de pan 

Además, este amor, junto con la ayuda material, ofrece sosiego y cuidado del alma. «Una ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material», sostiene la encíclica. No importa lo justas que sean las estructuras sociales, el hombre no vive sólo de pan.

El Papa también distingue entre la institución de la Iglesia y el papel de sus miembros laicos. Corresponde a estos últimos trabajar por una sociedad justa y participar directamente en la vida pública. La caridad debe animar esta actividad, que ha de vivirse como «caridad social» (No. 29).

La encíclica, en el No. 30, también trata brevemente el tema de la globalización. Este proceso significa que la preocupación por nuestro prójimo trasciende ahora los confines nacionales y se extiende al mundo entero. El aumento de los lazos internacionales ha traído consigo una creciente cooperación entre las agencias estatales y las organizaciones de la Iglesia que ha sido fructífera. El Papa también tiene palabras de alabanza para muchas personas que están implicadas en el trabajo voluntario.

Sin embargo, en toda esta actividad, observaba la encíclica, es importante mantener la identidad cristiana. La actividad caritativa de la Iglesia no debe diluirse «en una organización asistencial genérica» (No. 31).

La caridad cristiana debe obviamente incluir los aspectos materiales de ayudar a los demás, incluyendo el asegurar la suficiente competencia profesional. Pero quienes trabajan en las organizaciones de caridad también necesitan usar su corazón, de manera que el compromiso de ayudar a sus semejantes derive de su fe, hecha activa a través del amor.

Esta actividad caritativa debe permanecer independiente de partidos e ideologías y no ser un medio de «proselitismo», insiste el Pontífice. Con respecto a este último punto, la encíclica apunta que el amor es gratuito y no se practica para lograr otros fines.

Esto no significa que debamos dejar a Dios a un lado, añade inmediatamente el texto. La caridad siempre es preocupación por la entera persona, incluyendo su fe. Además, «con frecuencia, la raíz más profunda del sufrimiento es precisamente la ausencia de Dios». Así aunque nunca debamos imponer nuestra fe a los demás, también debemos saber cuándo es tiempo de hablar de Dios.

La misión de la Iglesia 

Benedicto XVI ha tocado en muchas ocasiones el tema de las relaciones iglesia-estado y la implicación de los cristianos en política. El 18 de octubre escribió una carta al presidente de la cámara baja del parlamento italiano, Pier Ferdinando Casini, para conmemorar el aniversario de la visita del Papa Juan Pablo II a este organismo legislativo tres años antes.

Benedicto XVI aseguraba a Casini que la Iglesia «no pretende reivindicar para sí ningún privilegio, sino sólo tener la posibilidad de cumplir su misión, dentro del respeto de la legítima laicidad del Estado».

Este legítimo laicismo, observaba, «no está en contraste con el mensaje cristiano, sino que más bien tiene una deuda con él, como saben bien los estudiosos de la historia de la civilización». Por ello, el Papa expresaba su confianza de que el parlamento honrara la memoria de Juan Pablo II promoviendo la persona humana, la familia, las escuelas y la atención a las necesidades del pobre.

Esta actividad política es precisamente llevada a cabo por los miembros laicos de la Iglesia. No obstante, ha observado el Papa en numerosas ocasiones, la Iglesia tiene un importante papel al formarlos para que puedan llevar a cabo esta tarea de forma adecuada.

En una carta con fecha 19 de noviembre al arzobispo de la Ciudad de México, el cardenal Norberto Rivera Carrera, el Santo Padre habló de la necesidad de que los laicos pongan «sus capacidades profesionales y el testimonio de una vida ejemplar al servicio de la evangelización de la vida social, haciéndola al mismo tiempo más justa y adecuada a la persona humana».

Bien común 

La carta fue escrita con ocasión de un encuentro reunido para presentar el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. En ella, el Papa observaba que los laicos «necesitan una sólida formación que les permita discernir en cada situación concreta, por encima de intereses particulares o propuestas oportunistas, lo que realmente mejora al ser humano en su integridad y las características que han de tener los diversos organismos sociales para promover el verdadero bien común».

El 3 de diciembre, en un discurso a un grupo de obispos polacos en visita a Roma, el Pontífice volvió sobre este tema. En la labor de proclamar a Dios a la cultura contemporánea «el papel de los laicos es insustituible», insistía el Papa. «Su testimonio de fe es particularmente elocuente y eficaz, porque se da en la realidad diaria y en los ámbitos a los que un sacerdote accede con dificultad».

Benedicto XVI exhortaba a los laicos presentes en la política a «dar un testimonio valiente y visible de los valores cristianos, que hay que reafirmar y defender en el caso de que sean amenazados». Y, añadía: «Lo harán públicamente, tanto en los debates de carácter político como en los medios de comunicación social».

El Pontífice continuó con el tema de los políticos cristianos en su discurso a otro grupo de obispos, el 17 de diciembre. Se debe ayudar a estos políticos a ser conscientes de su identidad cristiana y también de los valores morales universales que tienen su fundamento en la naturaleza humana, explicaba. Esto ha de hacerse de modo que se guíen por su «conciencia cristiana», y lo que hacen en nombre de la Iglesia juntamente con sus pastores. Y así dar al César, y a Dios, lo que se les deba.

Para trascender hay que servir

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En una ocasión, una alumna en su graduación de preparatoria comenzó su discurso diciendo: “Para trascender hay que servir.” Trascender: “ir más allá del límite”; “la inmortalidad del alma.” ¿Por qué debía esto venir al caso en una graduación?

El tema de la trascendencia importa particularmente cuando la vida está por tomar otro rumbo, o cuando se empieza a forjar un futuro, ya que de los ideales depende hasta dónde una persona pueda llegar.

El deseo de trascender del ser humano se refleja, entre otras cosas, en tantas ciencias, filosofías, y corrientes que ahora estudian la muerte, la vida, el duelo.

Es un tema que a todos concierne, que está ahora de moda, y del cual todos tarde que temprano nos sentimos con derecho a opinar. Y esta alumna opinó que para que nuestro paso por la tierra no sea estéril, es necesario servir.

Servir a Dios = trascender

¡Cuántas ocasiones no tenemos durante nuestra vida de reflexionar sobre estas verdades!

Navidades, años nuevos, muertes, nacimientos, graduaciones, etcétera, servir… en un velorio es tan claro que la vida es corta, que Dios existe, que los seres queridos se marchan, que la mayoría de las veces no dejamos más que recuerdos, que hay que aprovechar el tiempo, que debe haber algo más.

En la vida ordinaria, ¿será tan claro? ¿por qué será que el ser humano puede asistir a un sin número de velorios y no buscar una vida de servicio a los demás? ¿o porqué no decidirse a vivir cara a Dios? ¿a servir a Dios? ¿Le faltarán razones?

Hay una frase que dice: “fuertes razones hacen fuertes acciones”. La vida eterna debiera ser una fuerte razón, sin embargo a veces pareciera que no hemos entendido lo que hay que hacer para ganarla. Tenemos la brújula descompuesta y lo consideramos algo relativo, siendo que Dios ha querido mostrarnos el camino.

Inteligencia y voluntad

Se dice que el valor de un hombre no depende tanto de la fuerza de su entendimiento, como de su voluntad.

Y entonces habrá que considerar si más bien es que no hemos querido entender lo que debemos hacer para ser coherentes con nuestra fe, para vivir cara a Dios, sin miedo a la muerte.

¿Será que quiero llegar al polo norte, pero pienso que el norte está para el sur? o ¿será más bien que quiero llegar al norte caminando hacia el sur? porque claro está que el deseo de trascender lo llevamos todos.

El corazón del hombre: su conciencia

En una persona la inteligencia puede estar muy clara, pero si la voluntad estuviera mal orientada, por más esfuerzos de entender, su conciencia quedó ofuscada.

Y es que la voluntad es querer y queremos también con el corazón. Cuidado donde uno lo ponga, porque ahí, sí que será donde en la vida ordinaria se manifiesten nuestras razones.

Pascal lo decía así: “el corazón tiene razones que la razón no entiende”.

Si estamos en esta vida para trascender, ¡qué bueno es reflexionar sobre la muerte y sobre la vida! pero igual de bueno es encaminar a diario la voluntad y el corazón a la voluntad de Aquel que nos puso en este mundo.

Es la capacidad de amar lo que nos hace superiores a cualquier creatura, pero en la libertad de corazón, si no ponemos esfuerzo podemos errar el camino.

“Nunca digas nunca”

“Nunca digas de esta agua no beberé.” Cuántas veces a la vuelta de la vida cambia la manera de concebir los principios morales, o se tiene un credo pero resulta que se opta por actuar de manera contraria. Le pasaba a San Pablo: “Hago el mal que no quiero y dejo de hacer el bien que quiero.”

Por lo tanto, el riesgo de todo ser humano no está en equivocarse, sino en equivocarse y no darse cuenta que está equivocado, o permanecer en un camino que antes no hubiera elegido por las razones equivocadas, porque como consecuencia se nubla su inteligencia.

El detalle del “nunca digas de esta agua no beberé” en las cosas que a la moral o al alma se refieren, no debe ser tanto el riesgo de beberla alguna vez, sino el de continuar bebiéndola por la comodidad, la ignorancia, el miedo de no reconocer el error, o el famoso “todo mundo lo hace.”

La conciencia tiene esa capacidad de auto convencimiento. Quien no vive como piensa acaba pensando cómo vive y tal vez es por esto que a pesar de reflexionar muchas veces durante nuestras vidas, no logramos ser totalmente coherentes.

“Preguntarle a Dios que quiere de mí equivale a preguntarle qué debo hacer para ser feliz.”

¿Cómo y cuanto servimos a Dios y a los que nos rodean? al pensar en la muerte y en el camino de la vida, ¿será importante tener ideas claras?

Si. Pero no bastan. Hacen falta convicciones profundas para poner el corazón en su lugar, fortaleza para levantarlo incontables ocasiones, para pedir perdón y fe para volver a entregárselo a Dios cuantas veces sea necesario, luchando día con día.

Es importante saber a dónde vamos, es importante preguntarle a Dios a donde quiere que vayamos, esa pregunta es personal, pero puede requerir consejo de algún director espiritual para afinar la conciencia. Y mucho valor para actuar en consecuencia.

Sin embargo, toda elección implica una renuncia, y si elijo trascender he de renunciar a una vida cómoda y sin servicio. “Lo que hace falta para conseguir la felicidad, no es una vida cómoda, sino un corazón enamorado” San Josemaría.

Chistoso, porque ahora llamamos amor a muchas cosas que no lo son y pretendemos tener una fe al gusto del cliente.

Es contradictorio pretender amar a Dios y luego no buscar el camino para llegar Él. Es contradictorio elegir, solo en ciertos momentos de reflexión de nuestra vida, una meta de trascendencia y pretender llegar a ella por el camino fácil. No puedo querer llegar al norte caminando hacia el sur.

“Dichosos los limpios de corazón porque verán a Dios”

Hay quienes opinan que seguir a Dios es algo muy difícil o no tan valioso en el mundo moderno.

Nadie niega que ir contracorriente y aceptar la voluntad de Dios cuesta trabajo. Pero en realidad, es reconfortante saber que para trascender en esta vida no es necesario no equivocarse nunca, ni tener siempre todas las virtudes. Ya que de ser así ni San Agustín, ni la magdalena, ni tantos otros lo hubieran logrado.

La fe y la esperanza están en admitir que Dios no pierde batallas y por eso vale la pena entregarle la vida entera, comenzando y recomenzando lo que haga falta.

Y justo porque nos ama tal cual somos, y no nos pide no caernos nunca, tampoco bastan, aunque ayudan mucho, las buenas intenciones y las buenas obras para trascender… basta el amor: poner el corazón en donde Dios quiere que lo ponga.

“El día que me muera. Dios no me va a juzgar por los lugares de la tierra que he tenido la dicha de conocer, ni por la gente importante a la que he tratado, ni por los recuerdos que conservé de mi juventud. En el fondo, no querrá saber a cuantos leprosos atendí, ni cuanto afán puse en que los niños aprendieran. Cuando muera y me encuentre frente a frente con Cristo, Jesús sólo se va a interesar por mi amor: como he amado, cuanto he amado, a quien he amado, por qué razón he amado. Y en la respuesta a estas preguntas estará mi salvación.” San Juan de la Cruz.

 

Predicación y curación de enfermos

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Del Evangelio según san Marcos 3, 7-12

Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.

Oración introductoria

Señor Jesús, yo también te estoy buscando, quiero tener un momento de intimidad en la oración. Quiero dejarme conquistar por tu amor, dame la luz para saber reconocer lo que me puede apartar de que tu gracia.

Petición

Para ser digno de tu amor, ven Espíritu Santo y haz tu morada en mí.

Meditación del Papa

La otra indicación muy importante del pasaje evangélico es que los Doce no pueden conformarse con predicar la conversión: a la predicación se debe acompañar, según las instrucciones y el ejemplo de Jesús, la curación de los enfermos; curación corporal y espiritual. Habla de las sanaciones concretas de las enfermedades, habla también de expulsar los demonios, o sea, purificar la mente humana, limpiar, limpiar los ojos del alma que están oscurecidos por las ideologías y por ello no pueden ver a Dios, no pueden ver la verdad y la justicia. Esta doble curación corporal y espiritual es siempre el mandato de los discípulos de Cristo. Por lo tanto la misión apostólica debe siempre comprender los dos aspectos de predicación de la Palabra de Dios y de manifestación de su bondad con gestos de caridad, de servicio y de entrega. Queridos hermanos y hermanas: doy gracias a Dios que me ha enviado hoy a re-anunciaros esta Palabra de salvación. Una Palabra que está en la base de la vida y de la acción de la Iglesia.(Benedicto XVI, 15 de julio de 2012).

Reflexión

Mirando alrededor en nuestro mundo, que inicia un nuevo año, podríamos hacer una narración muy similar a la que hace este Evangelio. Muchedumbres buscaban y seguían a Jesús, le escuchaban y Él les curaba.

Muchos se dejan llevar por el pesimismo, y piensan que todo va “de cabeza”. Dirían que la vocación no entra en la descripción de la situación actual. Están convencidos de que no hay vocaciones, de que la juventud está extraviada sin remedio, de que la práctica religiosa disminuye en todo el globo…

Algo de razón tendrán. Pero les falta abrir los ojos para ver el otro lado de la moneda. Y contemplar los países en las que el número de vocaciones aumenta, los movimientos juveniles crecen con vigor y fuerza y donde los fieles ya no caben en las iglesias.

Sí. Los cristianos debemos tener esta certeza: Cristo es realmente amado por millones y millones. Muchedumbres que en todo el mundo, como en Galilea hace dos mil años, le siguen y le escuchan. Podemos sumarnos o sustraernos a esta realidad. Jesús, por su parte, sigue curando y bendiciendo a los que le buscan.

Propósito

Visitar, lo más pronto posible, a un amigo o familiar enfermo, buscando acercarle a Cristo.

Diálogo con Cristo

Cristo, Tú ha sido, eres y serás siempre la respuesta definitiva a los más profundos anhelos y aspiraciones de felicidad, porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna, sólo Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida. Si realmente te conociera mi vida sería diferente, para bien. Por eso te pido hoy, Jesús, que no salga de esta oración sin ser profundamente tocado por Ti, porque sólo si te llevo dentro, podré arrastrar a otros hacia Ti.