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Acumular riquezas en el cielo

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Del santo Evangelio según san Mateo 6, 19-23 
No acumuléis riquezas en este mundo; las riquezas de este mundo se apolillan y se echan a perder y los ladrones entran y las roban. Más bien acumulad riquezas en el cielo, donde Pues donde tengas tus riquezas, allí tendrás también el corazón. Los ojos son la luz del cuerpo. Si tus ojos son limpios, todo tú serás luminoso; pero, si en tus ojos hay maldad, todo tú serás oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz no es más que oscuridad, ¡qué negra será tu propia oscuridad!

Oración introductoria

Ven, Espíritu Santo, llena mi corazón con el fuego de tu amor para que esta oración me ayude a desprenderme de mí mismo, a desapegarme de todo lo material, y a considerar todo como basura y pérdida con tal de ganarte a Ti.

Petición

Jesús, dame un corazón pobre y libre de egoísmo para que puedas reinar en mí.

Meditación del Papa Francisco

Yo os haría dos preguntas: la primera, todos vosotros, ¿tenéis un corazón deseoso, un corazón que desea? Pensad y responded en silencio en vuestro corazón. Tú, ¿tienes un corazón que desea o tienes un corazón cerrado, un corazón dormido, un corazón anestesiado por las cosas de la vida? El deseo, ir adelante al encuentro con Jesús. Y la segunda pregunta: ¿dónde está este tesoro, lo que tú deseas? Porqué Jesús nos ha dicho que donde está vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. Y yo pregunto: ¿dónde está tu tesoro? ¿Cuál es para ti la realidad más importante más preciosa, la realidad que atrae a mi corazón como un imán? ¿Qué atrae tu corazón? ¿Puedo decir que es el amor de Dios? ¿Qué es el querer hacer bien a los demás? ¿De vivir por el Señor y nuestros hermanos? ¿Puedo decir esto? Cada uno responde en su corazón. (S.S. Francisco, 11 de agosto de 2013). .

Reflexión

En este pasaje evangélico, Jesús quiere enseñarnos la manera de cómo debemos actuar en este mundo para ganarnos el cielo, que es con obras que produzcan buen fruto y también purificando nuestro corazón para amarle a Él en vez del mundo y sus placeres.

Las cosas que hagamos en esta tierra deben estar hechas según Dios, siguiendo sus designios y quereres. No es lo mismo hacer una gran obra de caridad o un muy buen servicio a alguien con el mero objeto de aparecer como el hombre más caritativo o servicial ante los demás, a realizar estos mismos actos con la intención de ser visto sólo por Dios sin querer recibir alabanzas o elogios de parte de los hombres sino con la actitud de darle gloria y agradarle con esas acciones.

La pureza de intención es necesaria para que nuestras obras tengan valor ante los ojos de Dios. Y Él nos dará nuestro justo pago por esas buenas acciones. Nada de lo que hagamos quedará sin recompensa. Sea bueno o malo. Y esa recompensa la recibiremos sea aquí en la tierra o en el cielo.

Para obrar así se requiere que nuestro corazón esté atento a las oportunidades que se nos presentan. Es verdad lo que Cristo dice acerca del corazón. Por ejemplo, está el testimonio de muchos santos que pusieron todo su corazón en los bienes del cielo y obraron de acuerdo a ello. Porque el cielo y Dios era su tesoro. Y así ganaron la eterna compañía de Dios porque toda su persona y su corazón estaban fijos en el cielo.

Purifiquemos, pues, nuestro corazón para que Cristo sea nuestro único tesoro por el cual lo demos todo.

Propósito

Esta semana daré ese donativo que he venido posponiendo y del que no he querido desprenderme.

Diálogo con Cristo

Señor Jesús, si no soy generoso en el apostolado, en la donación de mi tiempo y en el servicio desinteresado a los demás y a la Iglesia, es porque no te he dado el lugar que te corresponde en mi vida. No he sido dócil a tus inspiraciones ni he sabido aprovechar tu gracia. Pero hoy es un nuevo día, una nueva oportunidad, para dejar todas las ataduras atrás y con gran confianza y alegría crecer en el amor.

La pureza de corazón

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Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 14-23

Llamó otra vez a la gente y les dijo: Oídme todos y entended. Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle; sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Quien tenga oídos para oír, que oiga. Y cuando, apartándose de la gente, entró en casa, sus discípulos le preguntaban sobre la parábola. El les dijo: ¿Conque también vosotros estáis sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que de fuera entra en el hombre no puede contaminarle, pues no entra en su corazón, sino en el vientre y y después se elimina en lugares retirados? – así declaraba puros todos los alimentos-. Y decía: Lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre. Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre.

Oración introductoria

Oh Señor, tú eres nuestro Creador y ves el interior de cada hombre, puedes leer nuestros pensamientos y conocer los deseos de nuestro corazón. Tú sabes que esos pensamientos y deseos no siempre son buenos, en muchas ocasiones son oscuros, duros, sucios. Señor, tú también eres nuestro Padre, extiende tu mano desde la cruz y cura nuestro corazón: ilumínalo con la luz de tu mirada, suavízalo con el bálsamo de tu misericordia, límpialo con la sangre de tu costado. Oh María, Virgen Purísima, como buena madre, enséñanos a vivir con un corazón como el tuyo.

Petición

Dios nuestro infunde en mi corazón el soplo de tu amor, que lo purifique de todo mal y lo fortalezca para amar.

Meditación del Papa Francisco

Cristo también pone en tela de juicio el “ojo”, que es el símbolo de la intención del corazón y que se refleja en el cuerpo: un corazón lleno de amor vuelve el cuerpo brillante, un corazón malo lo hace oscuro. Del contraste luz-oscuridad, depende nuestro juicio sobre las cosas, como también lo demuestra el hecho de que un corazón de piedra, pegado a un tesoro de la tierra, a un tesoro egoísta -que puede también convertirse en un tesoro del odio, vienen las guerras…. Todos estos pedazos del corazón que están hechos de piedra, el Señor los hace humanos, con aquella inquietud, con aquella ansia buena de ir hacia adelante, ¡buscándolo a Él dejándose buscar por Él!
¡Que el Señor nos cambie el corazón! Y así nos salvará. Nos protegerá de los tesoros que no nos ayuden en el encuentro con Él, en el servicio a los demás, y también nos dará la luz para ver y juzgar de acuerdo con el verdadero tesoro: su verdad. Que el Señor nos cambie el corazón para buscar el verdadero tesoro y así convertirnos en personas luminosas y no ser personas de las tinieblas. (S.S. Francisco, 21 de junio de 2013, homilía en misa matutina en capilla de Santa Marta). 

Reflexión 

Acojamos la invitación de Cristo para cultivar en nuestra vida un corazón puro, aprendamos a perdonar, a olvidar las ofensas, aprendamos la grande y difícil lección de pedir perdón a Dios y al prójimo. Es un buen momento para sembrar la semilla de las buenas palabras en nuestras conversaciones, porque esas palabras, como lo dice Cristo, demostrarán lo que se hay en nuestro corazón.

Propósito

En mis conversaciones hablaré de lo bueno que conozco y callaré lo malo.

Diálogo con Cristo

Señor Jesús, tengo que reconocer que a veces me da pena que tú veas mi corazón, pero también sé que tú puedes cambiarlo; te pido, Señor, que con tu amor y tu misericordia lo purifiques y lo renueves, lo cambies por uno como el tuyo para que pueda amar de un modo nuevo, como tú nos amas a nosotros.

“Todos los hombres están llamados a ser santos e inmaculados ante Dios por el amor (cf. Ef 1, 4). Al mirar a la Virgen, se aviva en nosotros, sus hijos, la aspiración a la belleza, a la bondad y a la pureza de corazón” (Benedicto XVI, Ángelus, 8 de diciembre de 2005)

La Misa no es un evento

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“Cuando Dios viene y se acerca siempre hay fiesta”: es cuanto subrayó el Papa Francisco en la Misa celebrada esta mañana en la capilla de la Casa de Santa Marta y en la que participaron también los purpurados del “Consejo de Cardenales” reunido en estos días en la Ciudad del Vaticano con el Pontífice.

En su homilía, Francisco subrayó que no hay que transformar la memoria de la salvación en un recuerdo, en “un evento habitual”. La Misa, reafirmó, no es un evento social, sino presencia del Señor entre nosotros.

Esdras lee desde lo alto el Libro de la Ley, que se creía pedido, y el pueblo conmovido llora de alegría. El Papa Francisco se inspiró en el pasaje del Libro de Nehemías, en la Primera lectura de hoy, para centrar su homilía en el tema de la memoria. El Pueblo de Dios, observó el Obispo de Roma, “tenía la memoria de la Ley, pero era una memoria lejana”, aquel día en cambio, “la memoria se hizo cercana” y “esto toca el corazón”. Lloraban “de alegría, no de dolor”, dijo Francisco, “porque tenía la experiencia de la cercanía de la salvación”:

“Y esto es importante no sólo en los grandes momentos históricos, sino en los momentos de nuestra vida: todos tenemos la memoria de la salvación, todos. Pero, me pregunto: ¿esta memoria está cerca de nosotros, o es una memoria un poco lejana, un poco difusa, un poco arcaica, un poco de museo? Puede ir lejos… Y cuando la memoria no es cercana, cuando nosotros no tenemos esta experiencia de la cercanía de la memoria, ésta entra en un proceso de transformación, y la memoria se vuelve un simple recuerdo”.

Cuando la memoria se vuelve lejana, añadió el Santo Padre, “se transforma en recuerdo; pero cuando se hace cercana, se transforma en alegría y ésta es la alegría del pueblo”. Esto, dijo también el Papa, constituye “un principio de nuestra vida cristiana”. Cuando la memoria se hace cercana, reafirmó, “hace dos cosas: inflama el corazón y da alegría”:

“Y esta alegría es nuestra fuerza. La alegría de la memoria cercana. En cambio, la memoria domesticada, que se aleja y se convierte en un simple recuerdo, no inflama el corazón, no nos da alegría y no nos da fuerza. Este encuentro con la memoria es un evento de salvación, es un encuentro con el amor de Dios que ha hecho historia con nosotros y nos ha salvado; es un encuentro de salvación. Y es tan bello ser salvados, que hay que hacer fiesta”.

“Cuando Dios viene y se acerca – afirmó el Papa – siempre hay fiesta”. Y “tantas veces – constató – nosotros los cristianos tenemos miedo de la fiesta: esta fiesta sencilla y fraterna que es un don de la cercanía del Señor”. La vida, añadió, “nos lleva a alejar esta cercanía, a mantener sólo el recuerdo de la salvación, no la memoria que está viva”. La Iglesia, subrayó, tiene “su memoria”: la “memoria de la Pasión del Señor”. También a nosotros, advirtió el Papa, nos sucede que alejamos esta memoria y la transformamos en un recuerdo, en un evento habitual”:

“Cada semana vamos a la iglesia, o murió aquel, vamos al funeral… y esta memoria, tantas veces, nos aburre, porque no es cercana. Es triste, pero la Misa tantas veces se transforma en un evento social y no estamos cercanos a la memoria de la Iglesia, que es la presencia del Señor ante nosotros. Imaginamos esta bella escena en el Libro de Nehemías: Esdras que lleva el Libro de la memoria de Israel y el pueblo que se acerca a su memoria y llora, el corazón está inflamado, es gozoso, siente que la alegría del Señor es su fuerza. Y hace fiesta, sin temor, sencillamente”.

“Pidamos al Señor -concluyó el Papa – la gracia de tener siempre su memoria cerca de nosotros, una memoria cercana y no domesticada por el hábito, de tantas cosas, y alejada en un simple recuerdo”.