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Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

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Del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo. Disputaban entonces los judíos entre sí: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Entonces Jesús les dijo: Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que coma este pan vivirá para siempre.

Oración introductoria

Hoy que celebramos la fiesta del cuerpo y la sangre de Cristo, quiero pedirte, Señor, que ilumines mi oración para saber corresponder a la inmensidad de tu amor. Te entrego, sin reservas, mi vida. Cuéntame entre ésos que quieren serte fieles, entre los que suplican tu Pan Eucarístico para transformarse en un auténtico discípulo y misionero de tu Reino.

Petición

Señor, aumenta mi fe para saber contemplarte y alabarte en la Eucaristía.

Meditación del Papa Francisco

La naturaleza sacramental de la fe alcanza su máxima expresión en la eucaristía, que es el precioso alimento para la fe, el encuentro con Cristo presente realmente con el acto supremo de amor, el don de sí mismo, que genera vida. En la eucaristía confluyen los dos ejes por los que discurre el camino de la fe. Por una parte, el eje de la historia: la eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final. La liturgia nos lo recuerda con su hodie, el “hoy” de los misterios de la salvación. Por otra parte, confluye en ella también el eje que lleva del mundo visible al invisible. En la eucaristía aprendemos a ver la profundidad de la realidad. El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que se hace presente en su camino pascual hacia el Padre: este movimiento nos introduce, en cuerpo y alma, en el movimiento de toda la creación hacia su plenitud en Dios» (S.S. Francisco, encíclica Lumen fidei, n. 44).

Reflexión

Hoy celebramos la solemnidad del Corpus Christi. Antiguamente -y todavía hoy en muchos países católicos- se celebra esta fiesta con una procesión solemne, en la que se lleva expuesto al Santísimo Sacramento por las principales calles de la ciudad, acompañado con flores, cirios, oraciones, himnos y cánticos de los fieles. Sin duda todos hemos participado o presenciado alguna procesión del Corpus. Pero no estoy tan seguro de que todos conozcamos el origen y el significado de esta celebración.

Se celebraba en día jueves, dado que esta fiesta nació como una prolongación del Jueves Santo, y cuyo fin era tributar un culto público y solemne de adoración, de veneración, de amor y gratitud a Jesús Eucaristía por el regalo maravilloso que nos dio aquel día de la Ultima Cena, cuando quiso quedarse con nosotros para siempre en el sacramento del altar.

La solemnidad del Corpus Christi se remonta al siglo XIII. Se cuenta, en efecto, que el año 1264 un sacerdote procedente de la Bohemia, un tal Pedro de Praga, dudoso sobre el misterio de la transustanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Hostia santa y en el vino consagrado, acudió en peregrinación a Roma para invocar sobre la tumba del apóstol san Pedro el robustecimiento de su fe. Al volver de la Ciudad Eterna, se detuvo en Bolsena y, mientras celebraba el santo Sacrificio de la Misa en la cripta de santa Cristina, la sagrada Hostia comenzó a destilar sangre hasta quedar el corporal completamente mojado. La noticia del prodigio se regó como pólvora, llegando hasta los oídos del Papa Urbano IV, que entonces se encontraba en Orvieto, una población cercana a Bolsena. Impresionado por la majestuosidad del acontecimiento, ordenó que el sagrado lino fuese transportado a Orvieto y, comprobado el milagro, instituyó enseguida la celebración de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo.

Al poco tiempo el mismo Papa Urbano IV encargó al insigne teólogo dominico, Tomás de Aquino, la preparación de un oficio litúrgico propio para esta fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo Eucaristía. Fue él quien compuso, entre otros himnos, la bellísima secuencia “Lauda Sion” que se canta en la Misa del día, tan llena de unción, de alta teología y mística devoción.

El año 1290 el Papa Nicolás IV, a petición del clero y del pueblo, colocó la primera piedra de la nueva catedral que se erigiría en la ciudad de Orvieto para custodiar y venerar la sagrada reliquia. Yo personalmente he tenido la oportunidad de visitar varias veces -aquí en Italia- la basílica de Bolsena, lugar del milagro eucarístico, y el santo relicario de la catedral de Orvieto, en donde se palpa una grandísima espiritualidad.

Después de esta breve noticia histórica, parece obvio el porqué de esta celebración. La Iglesia entera -fieles y pastores, unidos en un solo corazón- quiere honrar solemnemente y tributar un especial culto de adoración a Jesucristo, realmente presente en el santísimo sacramento de la Eucaristía, memorial de su pasión, muerte y resurrección por amor a nosotros, banquete sacrificial y alimento de vida eterna.

La Iglesia siempre ha tenido en altísima estima y veneración este augusto sacramento, pues en él se contiene, real y verdaderamente, la Persona misma del Señor, con su Cuerpo santísimo, su Sangre preciosa, y toda su alma y divinidad. En los restantes sacramentos se encierra la gracia salvífica de Cristo; pero en éste hallamos al mismo Cristo, autor de nuestra salvación.

El Papa Juan Pablo II publicó “Ecclesia de Eucharistia” dedicada precisamente al misterio de Jesús Eucarístico. “La Iglesia vive de la Eucaristía”. “Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia”.

Diálogo con Cristo

Señor, desde aquel primer Jueves Santo, cada Misa que celebra el sacerdote en cualquier rincón de la tierra tiene un valor redentor y de salvación universal. No sólo “recordamos” tu Pascua, sino que “revivimos” realmente los misterios sacrosantos de nuestra redención, por amor a nosotros. ¡Gracias a ellos, nosotros podemos tener vida eterna! Ofrecemos nuestras oraciones a ti por ellos.

Propósito

Ojalá que, a partir de ahora, vivamos con mayor conciencia, fe, amor y gratitud cada Santa Misa y acudamos con más frecuencia a visitar a Jesucristo en el Sagrario, con una profunda actitud de adoración y veneración. Y, si de verdad lo amamos, hagamos que nuestro amor a El se convierta en obras de caridad y de auténtica vida cristiana. Sólo así seremos un verdadero testimonio de Cristo ante el mundo.

 

Ustedes no son de este mundo

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Del santo Evangelio según san Juan 15, 18-21

Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Su fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.

Oración introductoria

Espíritu Santo abre mi corazón y mi mente para saber descubrir lo que el Señor quiere decirme a través de la liturgia el día de hoy. Quiero ser un fiel discípulo del Maestro resucitado. En el mundo de hoy no es fácil ser un auténtico discípulo, es por eso que me pongo en actitud orante para alcanzar las gracias que necesito para dar testimonio de él ante el mundo.

Petición

Señor, que no tenga miedo en vivir con autenticidad mi vida cristiana sino que lo haga con valentía, buscando ser fermento en el mundo de hoy.

Meditación del Papa Francisco

El Señor quiere que entendamos lo que sucede: lo que sucede en mi corazón, lo que sucede en mi vida, lo que sucede en el mundo, en la historia… ¿Qué significa que suceda esto? ¡Estos son los signos de los tiempos! Sin embargo, el espíritu del mundo nos hace otras propuestas, porque el espíritu del mundo no nos quiere pueblo: nos quiere masa, sin pensamiento, sin libertad.
El espíritu del mundo quiere que vayamos por un camino de uniformidad, pero, como advierte san Pablo, el espíritu del mundo nos trata como si nosotros no tuviéramos la capacidad de pensar por nosotros mismos, nos trata como personas no libres.
El pensamiento uniforme, el pensamiento igual, el pensamiento débil, un pensamiento así difuso. El espíritu del mundo no quiere que nosotros nos preguntamos delante de Dios: ¿Pero por qué esto, por qué lo otro, por qué sucede esto? O también nos propone un pensamiento según los propios gustos: ¡Yo pienso como me gusta! Pero eso va bien, dicen ellos…. Pero eso que el espíritu del mundo no quiere es esto que Jesús nos pide: el pensamiento libre, el pensamiento de un hombre y de una mujer que son parte del pueblo de Dios y ¡la salvación ha sido precisamente esta! (Cf. S.S. Francisco, 29 de noviembre de 2013, homilía en capilla de Santa Marta). .

Reflexión 

Ser discípulo de Cristo conlleva a una identificación total con él, un buscar conocerle para poder amarle y así transmitirle. En medio de la sociedad de hoy el mensaje cristiano no goza de una total aceptación, el evangelio incomoda a más de alguno. Esto ha sido una constante en la historia. Sin embargo el mundo necesita a Cristo, las personas tienen sed de Dios. Como cristianos estamos llamados a anunciar ese mensaje de Cristo. El precio de este anuncio es la cruz, una cruz que se hace llevadera cuando se carga junto a Jesús.

Propósito

Mencionaré a Cristo en mis conversaciones de hoy, poniéndolo como ejemplo de vida.

Diálogo con Cristo

Ser discípulo tuyo, Señor, no es fácil. Requiere sacrificio y cruz. ¿Pero acaso hay vida fácil? Aunque uno busque vivir sin cruz, la cruz siempre se hace presente. No hay como cargar la cruz contigo pues es la única manera de encontrarle sentido a la vida. Quiero amarte, Señor, y quiero transmitirte a mis hermanos porque muchos viven tristes y sin sentido porque no se han encontrado contigo. Hazme un instrumento de tu amor.

Un cristiano fiel, iluminado por los rayos de la gracia al igual que un cristal, deberá iluminar a los demás con sus palabras y acciones, con la luz del buen ejemplo. (San Antonio de Padua)

Dios mandó a su Hijo para salvar al mundo

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Del santo Evangelio según san Juan 3, 16-21

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»

Oración introductoria

Jesús, pongo toda mi libertad en tus manos para que Tú me guíes hacia esa luz que me aleje de las tinieblas. Dedico tiempo al radio, a la música, a la televisión, a los mensajes que me llegan por internet, etc., en vez de buscar con ahínco más y mejor tiempo para mi oración. 

Petición

Dios mío, haz que me dé cuenta que lo primero que tengo que buscar en mi día y en mi corazón es tu luz, tu verdad, tu voz de suave y firme Pastor.

Meditación del Papa Francisco

Este es el camino de la historia del hombre: un camino para encontrar a Jesucristo, el Redentor, que da la vida por amor. En efecto, Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de Él. Este árbol de la Cruz nos salva, a todos nosotros, de las consecuencias de ese otro árbol, donde comenzó la autosuficiencia, el orgullo, la soberbia de querer conocer -nosotros-, todo, según nuestra mentalidad, de acuerdo con nuestros criterios, incluso de acuerdo a la presunción de ser y de llegar a ser los únicos jueces del mundo. Esta es la historia del hombre: desde un árbol a otro.
En la cruz está la historia de Dios, para que podamos decir que Dios tiene una historia. Es un hecho que Dios ha querido asumir nuestra historia y caminar con nosotros: se ha abajado haciéndose hombre, mientras nosotros queremos alzarnos, y tomó la condición de siervo, haciéndose obediente hasta la muerte en la Cruz, para levantarnos:
¡Dios hace este camino por amor! No hay otra explicación: solo el amor hace estas cosas… (Cf. S.S. Francisco, 14 de septiembre de 2013, homilía en capilla de Santa Marta). 

Reflexión

La oscuridad nos inquieta. La luz, en cambio, nos da seguridad. 

En la oscuridad no sabemos dónde estamos. En la luz podemos encontrar un camino. En pocas líneas, el Evangelio nos presenta los dos grandes misterios de nuestra historia.

Por un lado, “tanto amó Dios al mundo”. Sin que lo mereciéramos, nos entregó lo más amado. Aún más, se entregó a sí mismo para darnos la vida. Cristo vino al mundo para iluminar nuestra existencia.

Y en contraste, “vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz”. No acabamos de darnos cuenta de lo que significa este amor de Dios, inmenso, gratuito, desinteresado, un amor hasta el extremo.

El infinito amor de Dios se encuentra con el drama de nuestra libertad que a veces elige el mal, la oscuridad, aún a pesar de desear ardientemente estar en la luz. Pero precisamente, Cristo no ha venido para condenar sino para salvarnos. Viene a ser luz en un mundo entenebrecido por el pecado, quiere dar sentido a nuestro caminar. 

Obrar en la verdad es la mejor manera de vivir en la luz. Y obrar en la verdad es vivir en el amor. Dejarnos penetrar por el amor de Dios “que entregó a su Hijo unigénito”, y buscar corresponderle con nuestra entrega. 

Propósito

Que mi testimonio de vida, coherente con la Palabra de Dios, ilumine el camino de los demás.

Diálogo con Cristo

Gracias, Señor, por darme la luz para saber tomar el camino que me lleve a la santidad. Ciertamente ese camino no es el más fácil, ni ante los ojos humanos el más bonito o agradable. Es más, hay un temor interno que no me deja abandonarme totalmente en tu providencia, un espíritu controlador que no logro dominar fácilmente. Pero qué maravilla saber que Tú, a pesar de mis apegos, me sigues amando, perdonando, realmente quiero corresponder a tanto amor.

Actos cotidianos que pueden cambiar el mundo. ¡Reflexiona!

Actos cotidianos que pueden cambiar el mundo. ¡Reflexiona!

Para cambiar el mundo…
Seguimos volteando detrás y a los lados, buscando culpables de nuestras desdichas, achacando nuestro sufrimiento a los demás. Olvidamos siempre que Alguien sufrió mucho más antes que nosotros y que desterró para siempre el sentido inútil de esa calamidad. Perseguimos fantasmas y pisoteamos nuestra dignidad.

La respuesta está en nosotros: las responsabilidades que dejamos pasar (el voto, el compromiso con nuestro entorno, el cuidado de la naturaleza y el ambiente, nuestros estudios, trabajo, familia y vida de piedad), la madurez que no deseamos alcanzar (embrutecidos por la carga abrumadora del consumismo desmedido, el placer inútil, la vida apacible y disoluta); hemos confundido gravemente la tolerancia con el permisivismo y ahora todos pagamos las consecuencias (inocentes o no) de la violencia que azota con fiereza todo el mundo y ha llegado a tocar a nuestra puerta.

Nos hemos dado la espalda a nosotros mismos, entretenidos con ideas fantásticas de súper héroes, que incluso ahora disfrazan un concepto torcido del Bien y el Mal.

Hemos olvidado lo que se nos ha dicho desde antaño, en la sabiduría que proviene del Bien y la Verdad. Desde la misma Biblia, pasando por las grandes obras filosóficas y teológicas.

Pero para ello me permito recordar, el que fuera tal vez, el diálogo más importante de la obra de Tolkien (El Hobbit), convertido así en la símil película, donde Gandalf habla de la manera de combatir el mal: “Yo he encontrado que son las cosas pequeñas, los actos cotidianos de personas ordinarias los que alejan a la maldad. Los simples actos de gentileza y amor”.

Las cosas extraordinarias no radican en actos llamativos, heroicos y formidables: salvar a un bebé de un incendio, evitar la muerte del suicida, atrapar al ladrón, pasar toda la noche en vela para sacar adelante el paciente grave, armar una gran cena para todos los indigentes de la zona.

Sin duda que todas esas son cosas loables y agradables a Dios, pero el acto extraordinario es empezar por nosotros mismos, desprendernos de nuestra iniquidad y egoísmo, reconocer nuestras faltas, nuestra fragilidad, nuestros vicios y defectos.

Sólo amándonos verdaderamente, transformaremos nuestra vida y descubriremos que no necesitamos de una vida que sea motivo de libros o películas, ni tener dones fascinantes o ser prodigiosos. El amor radica en la renuncia a todo lo que nos ata al mal, librarnos de la anestesia autoinflingida en nuestras consciencias (conformismo, mediocridad, indiferencia).

El cambio del mundo empieza por Nosotros, por Ti. Los actos extraordinarios se encuentran a nuestro alcance:

Sonreír al que viene al lado nuestro en el transporte, el que nos empuja, el que tiene un rostro de grave opresión.

Tender la mano al necesitado (con dinero o especie, con una mirada cálida o un consuelo), con lo que puedas, pero haciéndolo sin refugiarte en miles de excusas.

Escuchar con paciencia al que todos rechazan, al que llora, el que sufre. El paciente “odioso”, el cliente “incómodo”, y ni siquiera ir tan lejos: tu padre, tu madre, tu hermano…

Dejar la basura en su lugar, cuidar el agua, mantener limpia nuestra casa o área de trabajo, no desperdiciar la comida (piensa en el que sufre y no la tendrá en su mesa, en lugar de excusar la limosna, dona eso que no usarás o comerás).

Perdonar a quien nos ofende, consolar al que lo necesita, enseñar al que no sabe (no disfrazado en la “tolerancia”, el cinismo o la permisividad).

Simplemente disfruta la vida, goza a los tuyos, sirve a otros y bebe las delicias de la satisfacción que produce el ser útil a los demás.

Entonces sí tendremos un México que dejará de ser azotado por la violencia, de paz, donde todos viviremos finalmente como hermanos.

Cómo el primer día de la Cuaresma se convirtió en Miércoles de Ceniza

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«Polvo eres y al polvo volverás». Millones de personas en todo el mundo escucharán hoy estas palabras del libro del Génesis o la invitación a arrepentirse y creer en el Evangelio, al tiempo que se les impone una cruz de ceniza en la frente. Atrás queda el carnaval. Ya se ha enterrado la sardina. El miércoles de ceniza abre el tiempo de reflexión de la Cuaresma, «un camino de conversión, de lucha contra el mal, con la fuerza de la oración y de la misericordia», según ha recordado el Papa Francisco.

Es día de ayuno para los católicos de entre 18 y 59 años y abstinencia de carne para los mayores de 14 años, en un ejercicio de desprendimiento. «La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza», señala el Pontífice en su mensaje para la Cuaresma 2014 en el que añade: «No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele».

El austero rito del miércoles de ceniza se celebra al menos desde el siglo XI aunque sus orígenes se remontan al Antiguo Testamento. La ceniza, del latín «cinis», tenía ya un sentido simbólico de muerte y caducidad, así como de humildad y penitencia. Jonás 3,6 describe la conversión de los habitantes de Nínive con ceniza. Rociarse la cabeza con cenizas manifestaba el arrepentimiento y la voluntad de convertirse en la tradición judía. En muchas ocasiones la ceniza se unía al «polvo» de la tierra. «En verdad soy polvo y ceniza», dice Abraham en Génesis 18,27.

La Cuaresma comenzaba para la Iglesia primitiva seis semanas antes de la Pascua de forma que sólo había 36 días de ayuno, ya que los domingos se excluían. Para imitar el ayuno de Cristo en el desierto se agregaron en el siglo VII cuatro días antes del primer domingo, hasta el miércoles.

En los primeros siglos de la Iglesia, quienes querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo eran salpicados de ceniza y se vestían con un sayal el primer día de Cuaresma mostrando así su voluntad de convertirse. Debían mantenerse lejos hasta la Semana Santa. Estas prácticas cayeron en desuso a partir del siglo VIII hasta el X, siendo sustituidas por el símbolo de la ceniza en las cabezas de todos los cristianos.

«No cabe duda que la costumbre de distribuir las cenizas a todos los fieles surgió de una imitación devota de la práctica observada en el caso de los penitentes públicos», señala la Enciclopedia católica.

Las cenizas resultan de la quema de las palmas del Domingo de Ramos del año anterior. En la bendición de las cenizas, que se rocían con agua bendita y luego se sahúman con incienso, se usan cuatro antiguas plegarias. El propio celebrante de la misa recibe las cenizas de algún otro sacerdote, generalmente del de mayor dignidad entre los presentes.

En épocas antiguas el rito de la distribución de las cenizas era seguido por una procesión penitencial, pero ya no está prescrito, recuerda la Enciclopedia Católica.

Esta tradición ha quedado como un simple servicio en la Iglesia anglicana y la luterana. La Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.

Y tú… ¿cómo ves el mundo de hoy?

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Tengo un joven amigo mío que prefiere ver el aspecto positivo de las cosas, más que los horrores que a diario suceden. Este tipo de actitudes ¡nos hacen tanto bien! ¿Por qué? Porque nos ponen al frente de un hecho contundente e irrefutable: el mundo es creación de Dios.

Pero… ¿por qué muchos no nos escuchan cuando les presentamos las bondades de nuestro Creador?, ¿por qué cuando les hemos mostrado, demostrado y ustedes están convencidos (lo sabemos por los testimonios que recibimos), la belleza de que “conocer es amar” en los diferentes ámbitos y aspectos de nuestra vida diaria, no hay una reacción solidaria?

Sabemos que corren tiempos difíciles y a veces el ánimo se siente turbado y deprimido. Pues bien… es precisamente en momentos como éstos que Cristo nos llama a cada uno de nosotros diciendo: “¡Adelante, ánimo querido hijo, consérvate contento para que animes a otros y no te detengas en ningún momento; trabaja día a día por Mí, por mi Reino!”. Él te pide que la alegría de tu corazón permanezca en tu ánimo como un consuelo perenne y como reflejo de tu amor a Dios y a las almas. Te pide mantener tu espíritu, mantenerlo vivo e íntegro en ti mismo, en tu hogar, en tu trabajo, en tu apostolado, en todo lugar en el que puedas dar testimonio de Su existencia. 

La mejor ayuda al desarrollo es la cultura

La mejor ayuda al desarrollo es la cultura

Desde hace más de cuarenta años, el padre Piero Gheddo –del Instituto Pontificio para las Misiones Extranjeras, de Milán– viaja por el mundo para conocer de primera mano, y dar a conocer, la labor que los misioneros realizan en las zonas más pobres y conflictivas de los cinco continentes. Fruto de ese trabajo periodístico son decenas de libros y millares de artículos. Su conocimiento sobre el terreno le permite romper tópicos y denunciar –sin polémicas– algunos prejuicios ideológicos presentes cuando se habla del Tercer Mundo.

— Hoy, como nunca, los temas de cooperación internacional, de ayuda al desarrollo, etc. son una constante en la opinión pública. Sin embargo, la impresión es que los frutos no parecen responder en la misma medida.

— Después de tantos años de periodismo en el Sur del mundo, estoy convencido de que no comprendemos a los pueblos pobres: los juzgamos siempre a partir de cómo son las relaciones con nosotros: comercio, política internacional, materias primas, turismo, etc., pero se nos escapa la verdadera vida. No será posible entrar en comunicación y en comunión con pueblos tan diversos, si no se presta más atención a su vida interna, cultural, social, religiosa. Si en los últimos cuarenta años se ha errado mucho en este campo, es porque falta una “cultura del desarrollo” fundada en el conocimiento de los pueblos, en la claridad de los objetivos y de los medios para alcanzarlos.

— ¿Y cuál debería ser, según su experiencia, el punto de partida?

— En mi primer viaje a la India, en 1964, caí en la cuenta de que el desarrollo de un pueblo nace de dentro, de una revolución cultural que movilice las culturas estáticas que no disponen de estímulos interiores para crear un mundo mejor. El budismo, por ejemplo, no justifica ni la democracia ni la justicia social ni ninguna otra idea nueva. Todo está bien como está, no hay que cambiar nada porque, según la ley del “karma”, cada uno tiene lo que le conviene para su vida. El que es “paria”, paciencia, ya renacerá “brahmán” en la vida siguiente…

El desarrollo procede de las ideas nuevas que trae el Evangelio: la dignidad del hombre, la igualdad de todos los hombres, hijos del mismo Padre, los derechos humanos, la justicia social, el respeto por la mujer y los niños, el bien público, la importancia del trabajo para mantener la familia… He escuchado infinidad de veces en países musulmanes, asiáticos y africanos en general, que el concepto de empeño en el trabajo lo ha llevado el cristianismo: para la tradición local, la aspiración es poder vivir sin trabajar.

Las lagunas de los “No Global”
— En los últimos años han nacido diversos movimientos (No Global, New Global) que parecen una reacción contra un cierto modo de entender las relaciones entre Norte y Sur…

— Hace tiempo, pregunté a un misionero que llevaba treinta años en Tanzania, cuáles eran las causas del subdesarrollo africano. Me dio cuatro: la ignorancia, por la falta de escuelas; el fatalismo, causado por las religiones tradicionales; la corrupción de los gobiernos y el poder de los militares, responsables de los frecuentes golpes de Estado. Muchos de estos países dan el treinta por ciento del dinero a los militares y el dos por ciento a la educación, y todavía menos a la sanidad.

Los No Global no protestan contra estas raíces locales del subdesarrollo. Protestan sólo contra occidente, que tiene culpas históricas y actuales, pero que no es ciertamente la causa radical. Los campesinos de mi región producen setenta y cinco quintales de arroz por hectárea; en la agricultura africana la media es de cuatro a cinco quintales. Nuestras vacas dan de veinticinco a treinta litros de leche al día; la vaca africana da un litro al día, cuando tiene el ternero… ¿La culpa de este abismo es de occidente? Pienso que es más bien falta de instrucción y de educación. Cuando cito estos datos, me responden: el responsable es el colonialismo, que no ha educado. Es cierto. Pero, ¿qué ha ocurrido en estos últimos cuarenta años de independencia? Temo que en muchos casos se ha ido hacia atrás.

Los No Global no protestan contra las dictaduras y la ausencia de libertad en los países pobres, la tortura habitual en las cárceles, la tremenda corrupción de muchos gobiernos, el predominio de los militares, las costumbres inhumanas que habría que cambiar (inferioridad de la mujer, poligamia, penas sangrientas, etc.).

Dos mil años, de un salto

— Un slogan frecuente es que “el veinte por ciento de la población mundial se ha apoderado del ochenta por ciento de las riquezas”.

— Creo que no se puede ayudar a los pobres contando mentiras. Es necesario decir: el veinte por ciento de la población mundial produce el ochenta por ciento de las riquezas. Y las produce porque venimos de dos mil años de historia en los que es patente la influencia de la Palabra de Dios. Muchos pueblos pobres han salido de la prehistoria hace poco más de un siglo.

Cuando se habla de las poblaciones técnicamente subdesarrolladas, no se reflexiona suficientemente sobre la realidad de que la aceptación de lo que llamamos “progreso” no es un hecho pacífico. Incluso los instrumentos más simples como el arado de hierro, los fertilizantes, la bomba para el agua… requieren un cambio de mentalidad, de visión del mundo. Para nosotros occidentales, este cambio ha madurado durante siglos. Los pueblos pobres se ven obligados a dar ese salto en el espacio de una o dos generaciones. No se pueden imponer novedades que alteran el universo cultural y religioso de un pueblo. Pero, al mismo tiempo, los pueblos desean gozar del bienestar, de los derechos humanos que ven en otros más avanzados.