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El Rocío, camino de espiritualidad cristiana

El Rocío, camino de espiritualidad cristiana

La devoción a la SANTÍSIMA VIRGEN DEL ROCÍO ciertamente constituye, por su tradición y su contenido espiritual, un cauce extraordinario de espiritualidad cristiana. La experiencia lo demuestra el testimonio de tantas personas que han desarrollado y vivido su fe por este camino.

Para muchos el amor a la Virgen se convierte en verdadero camino por el que encontraron y encuentran a Jesucristo. Ante Ella, han llorado sus pecados, reciben la Eucaristía, confiesan sus culpas, escuchan la Palabra de Dios y oran fervientemente. Más aún, han quedado definitivamente ligados a Dios y comprometidos con su fe cristiana.

Muchas personas han encontrado en ambientes rocieros la mano amiga, la verdadera fraternidad, y han descubierto en la Iglesia una familia de fe , pero de una fe festiva y gozosa, el servicio al hermano y la alegría de compartir con el que sufre.

Otros han encontrado en esta advocación, Virgen de Pentecostés, además de su entrañable Madre, el modelo perfecto de fe para su vida cristiana. Más aún, han descubierto el papel fundamental del Espíritu Santo en la vida del creyente al contemplar la acción del mismo Espíritu en la vida de la Virgen María, Virgen del Espíritu Santo.

La fuerza espiritual que tiene la devoción a la Stma. Virgen de nuestro pueblo, su poder de convocatoria , y las grandes posibilidades que ofrece para una auténtica evangelización está revelando que esta expresión de religiosidad Mariana no es un simple fenómeno socio-cultural, sino una realidad de fe y de gracia extraordinaria dada por Dios generosamente como medio de salvación y santificación a esta tierra de María Santísima. Solo una mirada profunda de fe nos hará descubrir la verdad del Rocío.

Todas las Hermandades Rocieras tienen prácticas religiosas durante todo el año, dirigidas por su Capellán como la celebración de la Misa semanalmente, rosarios, etc. que dan testimonios de que la vida del rociero no es más que la vida de un cristiano que intenta acercarse a Dios a través de su madre y todo ello con el talante alegre de nuestra tierra.

La Hermandad de Almonte España, provincia de Huelva, es hoy la heredera de la historia devocional de Nuestra Señora del Rocío, a ella le compete la administración y organización de los cultos y Romería y como asociación pública de la Iglesia, es probablemente la de mayor poder de convocatoria de todo el orbe católico.
Organiza, preside y coordina además de la Romería de Pentecostés (la mayor del mundo), las Asambleas Comarcales de las Hermandades Filiales, la Asamblea General de Hermanos Mayores, los Encuentros de Jóvenes Rocieros, organiza las Peregrinaciones Extraordinarias de las Hermandades al Rocío.

Atiende los cultos del Santuario sosteniendo el embellecimiento y mantenimiento del mismo. En este momento esto habría que sumarle su quehacer diario y cuantioso en obras sociales y asistenciales, además de su programa formativo y cultural.

Esta primitiva hermandad ya existía como Venerable Cofradía de Nuestra Señora del Rocinas desde mucho antes de ser proclamada Nuestra Señora del Rocío patrona de la villa, en cuyo acto está presente aunque las competencias de aquella época eran mucho menores, ya que el propio concejo era quien más directamente se ocupaba de la administración de ermita.

Cuando nacieron las primeras hermandades filiales para diferenciarlas de éstas, ostentó el título de “primordial”, tomando más tarde el de Matriz o Madre. En 1.920 recibe los títulos de Real y Pontificia, de manos de S. M. Alfonso XIII y de S.S. Benedicto XV, respectivamente.

Hoy, la Hermandad Matriz de Nuestra Señora del Rocío de Almonte, tiene ante sí un acto, sin precedentes, 95 hermandades filiales y más de 30 asociaciones rocieras, demandando ser acogidas como hermandades filiales, ponen de manifiesto un contingente humano tal, que la organización y coordinación de la romería resulta cada vez más complicada.

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El formador como testigo proyectado al futuro

El formador como testigo proyectado al futuro

El reto
Hablar de la formación de la vida consagrada es un tema apasionante en el día de hoy. Vienen a nuestra mente los grandes retos que los formadores deben enfrentar en el día de hoy. Si el formador es un iluso que quiere tan sólo aplicar al pie de la letra los manuales de formación producidos por su congregación o la ratio formatonis, se encontrará en un peligro. El peligro de querer calcar un modelo que quizás ya no es actual para los tiempos de la postomodernidad en la que nos encontramos.

Hoy el mundo cambia en cada instante, en cada momento. Lo que hoy es actual, en poco menos de lo que pensamos comenzará a ser obsoleto. La técnica, comoe verdad fundamental del hombre, se erige maestra de la verdad que enseña al hombre a ser feliz, pero sin jamás alcanzar dicha felicidad. “En la cultura contemporánea se tiende a menudo a aceptar como verdad sólo la verdad tecnológica: es verdad aquello que el hombre consigue construir y medir con su ciencia; es verdad porque funciona y así hace más cómoda y fácil la vida. Hoy parece que ésta es la única verdad cierta, la única que se puede compartir con otros, la única sobre la que es posible debatir y comprometerse juntos”1. Y el formador debe hacer las cuentas con esta visión con la que llegan los jóvenes al proceso de formación. Un reto por hacerles ver que la felicidad no consiste simplemente en el buen funcionamiento de las cosas, que después podrá traducirse en eficientismo en su trabajo apostólico. Si las cosas funcionan bien en la parroquia, en el hospital o en la escuela, entonces significa que he cumplido con la voluntad de Dios y Dios mismo me premia con los frutos apostólicos y con un sentimiento de agrado por el deber cumplido. Es un error que se convierte en un reto para el formador al educar a los jóvenes en la fe. La fe no es meramente un sentimiento o una convicción de que estamos haciendo bien las cosas, identificando indiscriminadamente ese buen cumplimiento de la misión por la voluntad de Dios. Sustituimos la fe con un sentimiento de bienestar personal o comunitario. “La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida”2.

Otro de los retos que enfrentan los formadores hoy en día es el individualismo que aísla a las personas porque las hace pensar que su verdad es la única que cuenta y que ha de llevarse a cabo a toda costa. Descentrados de la verdad, buscan llevar a cabo sus propias verdades, sin tener un pensamiento rigoroso que les ayude a descubrir en todo la verdad y no sus propias verdades. Como decía Antonio Machado: “¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”3. El reto del relativismo interpela constantemente al formador. Acostumbrado el joven cómo está a no buscar la verdad sino a creer en sus propias verdades, queda reducido a una larva humana, incapaz de comprender el mundo y de comprenderse a sí mismo. Al ser todo relativo no encuentras puntos fundamentales sobre los cuales construir su propia viva negándose a construir su propia identidad. Con tal tendencia llegan los jóvenes a iniciar su vida consagrada. Y el formador deberá hacerles ver la posibilidad, aunque lejana, de que una verdad, la sola verdad existe y permea todas las realidades existentes. Es al encuentro de la verdad el reto al que están llamados los formadores a iniciar a los jóvenes que buscan su propia realización en la vida consagrada. “Por otra parte, estarían después las verdades del individuo, que consisten en la autenticidad con lo que cada uno siente dentro de sí, válidas sólo para uno mismo, y que no se pueden proponer a los demás con la pretensión de contribuir al bien común. La verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto, es vista con sospecha. ¿No ha sido esa verdad —se preguntan— la que han pretendido los grandes totalitarismos del siglo pasado, una verdad que imponía su propia concepción global para aplastar la historia concreta del individuo? Así, queda sólo un relativismo en el que la cuestión de la verdad completa, que es en el fondo la cuestión de Dios, ya no interesa”4.

Estos dos grandes retos están pidiendo una necesaria formación de los formadores. No pueden ya quedarse únicamente con una formación superficial en la que lo único que contaba era el formar al individuo de acuerdo con un modelo previamente establecido a través de la ratio y de las sanas tradiciones de la congregación.

La velocidad con la que cambia el mundo pide soluciones nuevas a dichos cambios, quizás no consignados en la ratio. Podemos explicarlo mejor diciendo que en un mundo que cambia constantemente no es posible adelantarse a dichos cambios y quedarse en el pasado genera solamente posturas fundamentalistas tan dañinas para el proceso de formación. Hoy los formadores enfrentan el reto de transmitir un carisma en un mundo cambiante, por ello deben formar personas que tengan claros los fundamentos de su fe y sepan adaptarlos a las situaciones cambiantes. Es una tensión entre pasado, presente y futuro.

Pasado porque los formadores deben ser ante todo memoria viviente de una fe que viene de un tiempo anterior al actual, pero que es viva y que se verifica en el presente. Presente porque mira o debe mirar al día a día como espacio en dónde se realizar y se lleva a cabo la fe. Y futuro porque debe prepararse al cambio de cada día. No pueden ya los formadores contentarse con modelos de la transmisión de la fe que no tomaban en cuenta esta tríada temporal y que quizás se contentaban tan sólo con transmitir conocimientos de la fe. El gran reto es sobre todo transmitir la experiencia de la fe que hace que el hombre pueda adaptarse a las situaciones más cambiantes e inéditas que nos presenta el mundo de hoy.

La solución: testigos mirando y proyectados al futuro.
La fe no es una idea. Transmitir una idea es sencillo. Basta con escribir un buen libro y tener una buena pedagogía. Lo que se pretender transmitir es más que una idea. Es una experiencia de vida. “Pero lo que se comunica en la Iglesia, lo que se transmite en su Tradición viva, es la luz nueva que nace del encuentro con el Dios vivo, una luz que toca la persona en su centro, en el corazón, implicando su mente, su voluntad y su afectividad, abriéndola a relaciones vivas en la comunión con Dios y con los otros”5.

Un formador que transmite tan solo conocimientos es un formador que destina su cometido al fracaso. Los jóvenes de hoy no necesitan conocimientos con los cuales ilustrar su entendimiento. Necesitan la vivencia de una persona que con su vida les transmita la experiencia de la fe que los haga llegar a ser portadores de una forma de vivir el evangelio, un carisma, en el mundo de hoy, al que le falta precisamente la luz de la fe, la luz del evangelio.

Mas que portadores y explicitadotes de ideas, los formadores deberán ser portadores y explicitadotes de una experiencia del espíritu que puedan transmitir a sus formandos. Son testigos de una experiencia de vida, que si bien viene del pasado se proyecta ineludiblemente hacia el futuro.

La ratio formationis deberá convertirse por tanto en una síntesis activa de una experiencia carismática que se proyecta hacia el futuro. No es tan sólo el compendio de una dosis de conocimientos que deben adquirir los formandos. Debe ser ante todo una guía para que cada formando, con la ayuda de formadores cualificados, puedan realizar la misma experiencia espiritual que llevó a cabo el fundador y dio sentido a su vida, lanzándolo a una misión específica dentro de la Iglesia. Los formadores deberán ser entonces testigos de una experiencia de vida que ya han experimentado, que ya han vivido. El joven de hoy, como decía Pablo VI no se contenta con maestros, lo que quiere son personas que han experimentado lo que enseñan. La vertiente apostólica debe nacer de una vertiente carismática, de lo contrario se reduce a profesionalismo de tareas meramente sociales, sin una vivencia espiritual de lo que se hace.

Un aspecto importante en esta forma de proyectar la formación es el cuidado que deben ponerse al conformar las comunidades de formación, evitando por todos los medios posibles que dichas comunidades se mezclen con las ya formadas. Puede darse un sano intercambio, unas visitas programadas a estas casas bajo la supervisión del formador, pero se debe privilegiar un espacio autónomo de estas comunidades de formación, con sus propios tiempos y modos que son los adecuados de una transmisión cuidada y selecta de una experiencia de vida que será fundamental, será el perno de la vida futura de cada formando.

Por último para formar o escoger formadores proyectados hacia el futuro, la congregación deberá fijar su mirada en aquellos que de alguna manera han tenido experiencia, la más amplia posible en los distintos apostolados que desarrolla la congregación. Pensar como se hacía antes, en el clásico maestro de novicios que después de profeso realizó siempre trabajos de formación, puede ser hoy en día un dato obsoleto para eliminarse en las congregaciones. Quien no se ha emocionado con un apostolado en el contacto con la vida real, quien no ha llorado al ver perder la fe en tantos jóvenes y adultos, ¿qué experiencia espiritual podrá haber alcanzado? Creo que los modelos pseudos místicos de aquellos formadores encerrados en cuatro paredes deben caer y dar paso a aquellos formadores de experiencia acumulada en el contacto diario con la vida. No por nada es sabia la norma de que los cargos en la vida consagrada deben renovarse constantemente. Con el cumplimiento de esta norma, con un profundo conocimiento del joven de hoy y una vivencia fuerte y auténtica de la propia experiencia del espíritu, el formador podrá llamarse verdaderamente testigo de la transmisión de la fe proyectado hacia el futuro.

¿Quién es Cristo para mí?

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Del santo Evangelio según san Marcos 8, 27-33

Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?» Ellos le dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas». Y él les preguntaba: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo». Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él.
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: «¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».

Oración introductoria

Señor, yo, como Pedro, creo que Tú eres el Hijo de Dios, que has venido para redimirme y para mostrarme el camino que debo seguir para llegar a Ti. Aumenta mi fe para que no desfallezca en el camino a pesar de las dificultades. Te ofrezco esta oración por aquellas personas que no tienen fe o teniéndola viven alejados de Ti por el pecado.

Petición

Señor, que te reconozca siempre como mi Dios y quiera vivir cerca de Ti.

Meditación del Papa Francisco

El Evangelio habla de la confesión de Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo” una confesión que no viene de él, sino del Padre celestial. […]
El papel, el servicio eclesial de Pedro tiene su fundamento en la confesión de fe en Jesús, el Hijo de Dios vivo, en virtud de una gracia donada de lo alto. En la segunda parte del Evangelio de hoy vemos el peligro de pensar de manera mundana. Cuando Jesús habla de su muerte y resurrección, del camino de Dios, que no se corresponde con el camino humano del poder, afloran en Pedro la carne y la sangre: “Se puso a increparlo: ¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Y Jesús tiene palabras duras con él:-Aléjate de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo-“.
Cuando dejamos que prevalezcan nuestras ideas, nuestros sentimientos, la lógica del poder humano, y no nos dejamos instruir y guiar por la fe, por Dios, nos convertimos en piedras de tropiezo. La fe en Cristo es la luz de nuestra vida de cristianos y de ministros de la Iglesia. (S.S. Francisco, 29 de junio del 2013). 

Reflexión 

La respuesta a la pregunta de Cristo de quién es Él, no me puede dejar indiferente y es una pregunta que sólo yo puedo responder satisfactoriamente. La respuesta debe condicionar toda mi vida para que sea coherente. Esta respuesta sólo la puedo dar en la oración dialogando con Jesucristo. Una vez respondida, entonces puedo anunciar con convicción lo que Cristo significa para mí, que soy cristiano.

Propósito

Reflexionar a lo largo del día si Cristo es realmente mi Dios, o tengo otros dioses que me hacen feliz.

Diálogo con Cristo

Señor, que no sea sordo a tu voz. Gracias por el don de la fe. Pudiste haberme creado fuera de la fe en Ti, y sin embargo, por puro amor y no por mérito mío, me diste la gracia de ser cristiano. Haz que mi fe en Ti quiera difundirla entre los hombre con quienes me encuentre como un verdadero regalo que vale la pena compartir.

“No somos plenamente hijos de Dios, sino que hemos de llegar a serlo más y más mediante nuestra comunión cada vez más profunda con Cristo. Ser hijos equivale a seguir a Jesús” (Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, Madrid 2007, p. 172)

Jesucristo nos pide ser hombres de fe

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Del santo Evangelio según san Marcos 8, 11-13

Y salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole una señal del cielo, con el fin de ponerle a prueba. Dando un profundo gemido desde lo íntimo de su ser, dice: «¿Por qué esta generación pide una señal? Yo os aseguro: no se dará, a esta generación ninguna señal.» Y, dejándolos, se embarcó de nuevo, y se fue a la orilla opuesta.

Oración introductoria

Jesucristo, gracias por esta oportunidad que me das para ponerme en tu presencia y para dialogar contigo. Gracias por tu amor, por la vida, por todo lo que tengo y lo que soy. Dame la gracia, Dios mío, de conocerte para más amarte y amarte para más identificarme contigo. María, quiero poner a tus pies mi pobre oración. Enséñame a orar como enseñaste a tu Hijo amado y no permitas que me separe de Él. Te ofrezco esta meditación, Señor, pidiéndote que aumentes la fe de cada uno de mis familiares y también te pido por todos aquellos que no creen o que en algún tiempo creyeron y ahora están alejados de ti.

Petición

Padre Santo, regálame una fe viva y operante que me lleve a verte y a encontrarte en cada uno de los acontecimientos de mi vida. Todos mis días están llenos de señales a través de las cuales Tú me hablas. Por eso, Señor, aumente mi fe para vivir continuamente en tu presencia.

Meditación del Papa Francisco

Cuando Jesús cura el sábado la mano paralizada de un hombre, lo que provocó la condena por parte los escribas y fariseos. Con su milagro Jesús libera la mano de la enfermedad y demuestra a los “estrictos” que el suyo “es el camino de la libertad”. Libertad y esperanza van de la mano: donde no hay esperanza no puede haber libertad. Jesús libera de la enfermedad, del rigor y de la mano paralizada de aquel hombre; recupera la vida de estos dos, las hace de nuevo.
Jesús, la esperanza, rehace todo. Es un milagro constante. No sólo hizo milagros de curación, sino tantas cosas: estas eran solo signos, señales de lo que está haciendo ahora, en la Iglesia. El milagro de volver a rehacer todo: lo que Él hace en mi vida, en tu vida, en nuestras vidas. Reconstruir. Y Él rehace la razón de nuestra esperanza. Es Cristo, quien vuelve todas las cosas de la Creación más maravillosas, es la razón de nuestra esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Él es fiel. Él no puede negarse a sí mismo. Esta es la virtud de la esperanza. (S.S. Francisco, 9 de septiembre de 2013, homilía en misa matutina en capilla de Santa Marta). 

Reflexión 

Nuestra vida está llena de señales que nos hablan de la presencia de Dios. Cuando somos hombres de fe resulta fácil encontrar a Dios en la belleza de una rosa y en la majestuosidad de un paisaje. Sólo con la fe estaremos en grado de ver a Jesucristo en el rostro de nuestros hermanos. La fe nos lleva a dejar las diferencias y las asperezas en el trato con el prójimo. Nuestras relaciones con las demás personas deben estar impregnadas de una profunda fe, pues, cada ser humano es la señal más grande de la presencia de Dios en mi vida.

Propósito

Quiero darle a mis conversaciones un carácter sobrenatural. Por eso, en cada una de mis conversaciones introduciré, al menos, un tema espiritual para tratar de ayudar a los demás a vivir la unión con Dios en medio de las actividades de cada día.

Diálogo con Cristo

Señor mío, ayúdame a demostrarte mi fe a través de mis buenas obras. Yo quiero ser un hombre de fe y al mismo tiempo quiero ayudar a mis hermanos a crecer en la fe. Tú sabes, Señor, que sin el don de la fe nos convertimos en náufragos y nos alejamos del puerto seguro de tu amor. «La falta de fe en Dios, la pérdida del sentido de Dios que lacera nuestro mundo, las percibo y vivo como la indigencia mayor, la amenaza más grave y de más desastrosas consecuencias para nuestro tiempo» (Card. Antonio Cañizares, Discurso en la universidad católica de Valencia, 10 de diciembre de 2010). Dios mío, ayúdame a entender que la fe no es esperar que se cumpla lo que yo quiero o lo que me resulta más fácil sino aceptar tu voluntad con amor y profundo sentido sobrenatural.

“Uno puede incluso tener una recta fe en el Padre y en el Hijo, como en el Espíritu Santo, pero si carece de una vida recta, su fe no le servirá para la salvación” (San Juan Crisóstomo)

Persecución de los discípulos

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Del santo Evangelio según san Lucas 21, 12-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. 

Oración introductoria

Espíritu Santo, dulce huésped de mi alma, Tú eres mi Abogado y Consolador, el que me asiste, el que me ilumina y guía. Ayúdame a ponerte en el centro de mi vida y de mi actividad, especialmente hazte presente en esta meditación.

Petición

Señor, dame la gracia de confiar siempre en tu Providencia divina.

Meditación del Papa Francisco

Pero esto vale para todos: el Evangelio ha de ser anunciado y testimoniado. Cada uno debería preguntarse: ¿Cómo doy yo testimonio de Cristo con mi fe? ¿Tengo el valor de Pedro y los otros Apóstoles de pensar, decidir y vivir como cristiano, obedeciendo a Dios? Es verdad que el testimonio de la fe tiene muchas formas, como en un gran mural hay variedad de colores y de matices; pero todos son importantes, incluso los que no destacan. En el gran designio de Dios, cada detalle es importante, también el pequeño y humilde testimonio tuyo y mío, también ese escondido de quien vive con sencillez su fe en lo cotidiano de las relaciones de familia, de trabajo, de amistad. Hay santos del cada día, los santos “ocultos”, una especie de “clase media de la santidad”, como decía un escritor francés, esa “clase media de la santidad” de la que todos podemos formar parte. Pero en diversas partes del mundo hay también quien sufre, como Pedro y los Apóstoles, a causa del Evangelio; hay quien entrega la propia vida por permanecer fiel a Cristo, con un testimonio marcado con el precio de su sangre. Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de la vida. Quien nos escucha y nos ve, debe poder leer en nuestros actos eso mismo que oye en nuestros labios, y dar gloria a Dios. (S.S. Francisco, 14 de abril de 2013).

Reflexión

Cuando un día el obispo, además de darnos una cachetada, nos ungió la frente con el óleo de la confirmación en la fe, no cumplió con una especie de rito necesario para que luego pudiésemos acceder a los demás sacramentos, especialmente el matrimonio.

Fuimos confirmados en la fe. Fuimos constituidos “testigos” de Cristo en el mundo. Llegamos a la madurez de nuestra entrega al Señor. ¿Y qué mejor testimonio que el martirio por Cristo?

Pero atendamos a las entrañas de amor de Cristo para con su tan amada criatura. No es nuestro Dios un dios que se goza viéndonos sufrir o queriendo que suframos simplemente porque sí. Seguir a Cristo no implica vivir de tormentos toda la vida. Amarlo no es dejar que nos golpeen toda nuestra bendita existencia.

Cuando Cristo nos previene de las persecuciones únicamente está siendo realista con nosotros, nos está dando como un voto de confianza. “Me habéis amado. Pues sabed que vuestros hermanos no siempre actuarán movidos por el amor como fuera de esperar sino que os harán sufrir. Pero confiad Yo he vencido con el amor al mundo”. No son, pues, palabras que hemos de temer sino consejos de amor, de grande esperanza.

Es el peso del amor. El egoísmo está muy difundido en nuestro mundo, pero como cristianos estamos llamados a amar y a vencer con el amor el egoísmo. Y aunque tengamos mil problemas tenemos en Cristo la confianza de haber obtenido la victoria.

¡Ya hemos vencido! Porque Él nos ha amado primero y ya nos ha prometido de no abandonarnos en esta dulce lucha por Él que es nuestro Amado. ¿No es cierto que es un gozo, entonces, poder dar testimonio por Alguien a quien amamos de verdad?

Propósito

No podemos faltar en nuestra misión de llevar la luz de Cristo, de proclamar el feliz anuncio del Evangelio, aún si ello comparta la persecución. Que no me de pena hablar de Dios a los demás.

Diálogo con Cristo 

Señor, seguir tu Evangelio, ser un discípulo y misionero de tu amor, es oponerse a lo que el mundo ofrece y que la mayoría considera como auténtica felicidad. Necesito hacer un sincero esfuerzo por adquirir aquellas virtudes que me permitan vivir auténticamente mi fe: la pureza, la fidelidad, la humildad, la sinceridad y la autenticidad. Te pido, por intercesión de María, la sabiduría y la fuerza que necesito para serte fiel.

Cristianismo descafeinado

Cristianismo descafeinado

Se trata de un peligro real: pensar que uno es cristiano porque fue bautizado, porque recibió algunas charlas de doctrina, porque se educó en una escuela católica, porque hizo la primera comunión, tal vez porque también se confirmó.

En muchos casos, la formación religiosa se redujo luego a un barniz tenue y tranquilizante. Lecturas más o menos buenas sobre la fe, sobre la Iglesia, sobre la moral. Convicciones formadas a partir de experiencias, sin confrontarlas con el Catecismo de la Iglesia Católica o con la ayuda de algún católico bien formado. Críticas recogidas aquí o allá, en un programa de radio o televisión, en una novela saturada de rabia contra la Iglesia, en una conferencia de un ilustre profesor lleno de títulos, sofismas y medias verdades (que son a veces peores que medias mentiras)…

Al final, muchos viven según un coctel confuso de ideas movedizas. Más o menos se acepta la Trinidad, pero Cristo es visto en algunos casos simplemente como un gran hombre, o incluso como un extraterrestre. Muchos no tienen claro si resucitó de veras, si fundó la Iglesia. Más o menos se recuerdan los mandamientos, pero se dejan de lado a la hora de controlar la propia sensualidad y soberbia, o cuando hay que vivir la justicia social y el respeto a la fama del próximo. Más o menos se sabe que existe la misa dominical y el sacramento de la confesión, pero quedan reservados para ocasiones especiales: el día de bodas, el bautizo de los hijos o de un sobrino. No es raro encontrar a alguno que sólo se confiese en el funeral de sus familiares para, al menos, hacer la comunión ese día..

Parece todo opinable y criticable

Las dudas de moda entran y ocupan un lugar importante en el propio corazón. Se empieza a atacar al Papa y a los obispos por las “riquezas” de la Iglesia, por la falta de adaptación a los tiempos modernos, por el preocuparse tanto de la moral privada y poco de la justicia social. Se dice que haría falta dejar el celibato y permitir el sacerdocio femenino. Se defiende la libertad de opinión respecto a los dogmas para dejar de lado “ideas medievales” como las que hablan del demonio o del infierno.

Al final, uno llega a pensar que sería capaz de mejorar la Iglesia. Cree que ya sabe más que el Papa y los obispos. Estaría incluso dispuesto a darles consejos y a dirigir sus pasos para una “buena” modernización de la Iglesia, más tolerante, más adaptada a los tiempos que corren, más comprensible para la gente, más benigna con los pecadores (si es que todavía se acepta que existe algo que se llama “pecado”).

Dicen que la ignorancia es atrevida. Quizá habría que añadir que sin fe profunda, sin oración sincera, sin caridad alegre, sin obediencia redentora, podemos llegar a formas descafeinadas de vivir que son todo menos verdadero cristianismo

Trabajando en fidelidad

Hace falta mucha valentía para romper con un pensamiento confuso que buscan imponer ciertos grupos de poder. El Evangelio es mucho más fuerte que mil mentiras. En Roma brilla una luz particular para los corazones grandes. Quien estudia y acoge la Biblia, las enseñanzas del Papa, los documentos de los concilios, caminará seguro.

Dios lleva el timón de su Iglesia. Dentro de la barca, muy unidos al Papa y a los obispos, podremos vivir un cristianismo verdadero, que viene directamente del Padre, que fue manifestado por el Hijo, que es iluminado por el Espíritu Santo, que acoge a María como Madre de todos los creyentes.

Será posible, entonces, tomar un compromiso serio por estudiar la propia fe, por leer los Evangelios, por asimilar el Catecismo, por vivir los sacramentos.

Habrá un trabajo serio para hacer realidad el principal mandamiento: la caridad. Que implica darse a todos, perdonar al enemigo, buscar maneras de levantar al caído, escuchar y dar afecto al anciano, visitar al enfermo.

Habrá un deseo profundo de orar, porque lo pide el Maestro, porque lo necesita el corazón, tan hambriento de luz y de fuerzas en un mundo que nos arrastra a una vida fácil y sin sentido.

Habrá un cristianismo auténtico y verdaderamente católico (universal), porque la fe será madura y sincera. Porque esa fe no es “una mera herencia cultural, sino una acción continua de la gracia de Dios que llama y de la libertad humana que puede o no adherirse a esa llamada” (Benedicto XVI, Valencia 9 de julio de 2006). Porque esa fe iluminará toda la casa y a todos los hombres que se acerquen a ella (cf. Mt 5,14-16). Porque seremos capaces de participar en la plenitud del Dios Bueno… (cf. Jn 1,16).

Y mataron a los profetas

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Del santo Evangelio según san Lucas 11, 47-54

En aquel tiempo, dijo el Señor: ¡Ay de vosotros, porque edificáis los sepulcros de los profetas que vuestros padres mataron! Por tanto, sois testigos y estáis de acuerdo con las obras de vuestros padres; porque ellos los mataron y vosotros edificáis. Por eso dijo la Sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los matarán y perseguirán, para que se pidan cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, el que pereció entre el altar y el Santuario. Sí, os aseguro que se pedirán cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, los juristas, que os habéis llevado la llave de la ciencia! No entrasteis vosotros, y a los que están entrando se lo habéis impedido.
Y cuando salió de allí, comenzaron los escribas y fariseos a acosarle implacablemente y hacerle hablar de muchas cosas, buscando, con insidias, cazar alguna palabra de su boca.

Oración introductoria

Padre, Tú derramas tu amor sin distinción, quieres que todos experimenten tu cercanía y misericordia. ¡Ay de mí porque con mi pobre testimonio cristiano puedo alejar a otros de tu cariño! Ilumina mi oración, ven y haz morada en mi corazón, para que sea un auténtico testigo de tu amor.

Petición

Jesùs, te pedimos que tomemos la mano de María donde estaremos seguros de ir por el buen camino, por el camino de la verdad y de la Iglesia, que es la misma verdad.

Meditación del Papa Francisco

Él no dice: ¡idólatras, iréis al infierno! sino que busca llegar a su corazón; no condena desde el inicio, busca el diálogo: Pablo es un pontífice, constructor de puentes. Él no quiere convertirse en un constructor de muros. Esto nos hace pensar sobre la actitud de un cristiano. Un cristiano debe anunciar a Jesucristo de forma que Jesucristo sea aceptado, recibido, no rechazado, el anuncio de la verdad depende del Espíritu Santo. Pablo es consciente que debe evangelizar, no hacer prosélitos. La Iglesia no crece en el proselitismo, Benedicto XVI nos lo ha dicho; sino que crece por atracción, por el testimonio, por la predicación. Pablo actúa así porque estaba seguro, seguro de Jesucristo. No dudaba de su Señor. Los cristianos que tienen miedo de hacer puentes y prefieren construir muros, son cristianos no seguros de su propia fe, seguros de Jesucristo. Y se defienden alzando muros. (S.S. Francisco, 9 de mayo de 2013).

Reflexión

La hipocresía es aborrecida por Dios; porque no hay nada peor en el alma de un creyente que este terrible pecado. Dios aborrece al que no es sincero y quiere aparentar lo que no es en la realidad.

Dios sigue mandando al mundo de hoy los profetas que predican la verdad, pero de nuevo el hombre vuelve la vista y hace oídos sordos a la verdad. De nuevo volvemos a matar la verdad que Dios sigue proclamando.

El Santo Padre, el Papa, es el profeta que Dios ha elegido para que todos los miembros de su Iglesia encuentren siempre la verdad que salva. Mi fe en Cristo no puede estar separada de mi fe en la Iglesia y mi fe en el Papa; y de aquí ha de brotar mi certeza de que en todo momento he de defender al Papa y sus enseñanzas.

¿No seremos nosotros, tal vez, los que estamos matando a nuestros propios profetas? Porque con frecuencia se escuchan palabras de disconformidad y rechazo hacia quien ha recibido de Cristo la misión de guiar a la Iglesia. El Papa es esa voz que hoy defiende la verdad ante los atropellos y las injusticias. Y esa verdad es siempre la misma, no cambia con los años.

Propòsito

Rezar hoy en especial por el Papa, que tenga fortaleza para guiar a la Iglesia y nosotros seamos fieles a èl.