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Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo

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Del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo. Disputaban entonces los judíos entre sí: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Entonces Jesús les dijo: Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que coma este pan vivirá para siempre.

Oración introductoria

Hoy que celebramos la fiesta del cuerpo y la sangre de Cristo, quiero pedirte, Señor, que ilumines mi oración para saber corresponder a la inmensidad de tu amor. Te entrego, sin reservas, mi vida. Cuéntame entre ésos que quieren serte fieles, entre los que suplican tu Pan Eucarístico para transformarse en un auténtico discípulo y misionero de tu Reino.

Petición

Señor, aumenta mi fe para saber contemplarte y alabarte en la Eucaristía.

Meditación del Papa Francisco

La naturaleza sacramental de la fe alcanza su máxima expresión en la eucaristía, que es el precioso alimento para la fe, el encuentro con Cristo presente realmente con el acto supremo de amor, el don de sí mismo, que genera vida. En la eucaristía confluyen los dos ejes por los que discurre el camino de la fe. Por una parte, el eje de la historia: la eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final. La liturgia nos lo recuerda con su hodie, el “hoy” de los misterios de la salvación. Por otra parte, confluye en ella también el eje que lleva del mundo visible al invisible. En la eucaristía aprendemos a ver la profundidad de la realidad. El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que se hace presente en su camino pascual hacia el Padre: este movimiento nos introduce, en cuerpo y alma, en el movimiento de toda la creación hacia su plenitud en Dios» (S.S. Francisco, encíclica Lumen fidei, n. 44).

Reflexión

Hoy celebramos la solemnidad del Corpus Christi. Antiguamente -y todavía hoy en muchos países católicos- se celebra esta fiesta con una procesión solemne, en la que se lleva expuesto al Santísimo Sacramento por las principales calles de la ciudad, acompañado con flores, cirios, oraciones, himnos y cánticos de los fieles. Sin duda todos hemos participado o presenciado alguna procesión del Corpus. Pero no estoy tan seguro de que todos conozcamos el origen y el significado de esta celebración.

Se celebraba en día jueves, dado que esta fiesta nació como una prolongación del Jueves Santo, y cuyo fin era tributar un culto público y solemne de adoración, de veneración, de amor y gratitud a Jesús Eucaristía por el regalo maravilloso que nos dio aquel día de la Ultima Cena, cuando quiso quedarse con nosotros para siempre en el sacramento del altar.

La solemnidad del Corpus Christi se remonta al siglo XIII. Se cuenta, en efecto, que el año 1264 un sacerdote procedente de la Bohemia, un tal Pedro de Praga, dudoso sobre el misterio de la transustanciación del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en la Hostia santa y en el vino consagrado, acudió en peregrinación a Roma para invocar sobre la tumba del apóstol san Pedro el robustecimiento de su fe. Al volver de la Ciudad Eterna, se detuvo en Bolsena y, mientras celebraba el santo Sacrificio de la Misa en la cripta de santa Cristina, la sagrada Hostia comenzó a destilar sangre hasta quedar el corporal completamente mojado. La noticia del prodigio se regó como pólvora, llegando hasta los oídos del Papa Urbano IV, que entonces se encontraba en Orvieto, una población cercana a Bolsena. Impresionado por la majestuosidad del acontecimiento, ordenó que el sagrado lino fuese transportado a Orvieto y, comprobado el milagro, instituyó enseguida la celebración de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo.

Al poco tiempo el mismo Papa Urbano IV encargó al insigne teólogo dominico, Tomás de Aquino, la preparación de un oficio litúrgico propio para esta fiesta y la creación de cantos e himnos para celebrar a Cristo Eucaristía. Fue él quien compuso, entre otros himnos, la bellísima secuencia “Lauda Sion” que se canta en la Misa del día, tan llena de unción, de alta teología y mística devoción.

El año 1290 el Papa Nicolás IV, a petición del clero y del pueblo, colocó la primera piedra de la nueva catedral que se erigiría en la ciudad de Orvieto para custodiar y venerar la sagrada reliquia. Yo personalmente he tenido la oportunidad de visitar varias veces -aquí en Italia- la basílica de Bolsena, lugar del milagro eucarístico, y el santo relicario de la catedral de Orvieto, en donde se palpa una grandísima espiritualidad.

Después de esta breve noticia histórica, parece obvio el porqué de esta celebración. La Iglesia entera -fieles y pastores, unidos en un solo corazón- quiere honrar solemnemente y tributar un especial culto de adoración a Jesucristo, realmente presente en el santísimo sacramento de la Eucaristía, memorial de su pasión, muerte y resurrección por amor a nosotros, banquete sacrificial y alimento de vida eterna.

La Iglesia siempre ha tenido en altísima estima y veneración este augusto sacramento, pues en él se contiene, real y verdaderamente, la Persona misma del Señor, con su Cuerpo santísimo, su Sangre preciosa, y toda su alma y divinidad. En los restantes sacramentos se encierra la gracia salvífica de Cristo; pero en éste hallamos al mismo Cristo, autor de nuestra salvación.

El Papa Juan Pablo II publicó “Ecclesia de Eucharistia” dedicada precisamente al misterio de Jesús Eucarístico. “La Iglesia vive de la Eucaristía”. “Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia”.

Diálogo con Cristo

Señor, desde aquel primer Jueves Santo, cada Misa que celebra el sacerdote en cualquier rincón de la tierra tiene un valor redentor y de salvación universal. No sólo “recordamos” tu Pascua, sino que “revivimos” realmente los misterios sacrosantos de nuestra redención, por amor a nosotros. ¡Gracias a ellos, nosotros podemos tener vida eterna! Ofrecemos nuestras oraciones a ti por ellos.

Propósito

Ojalá que, a partir de ahora, vivamos con mayor conciencia, fe, amor y gratitud cada Santa Misa y acudamos con más frecuencia a visitar a Jesucristo en el Sagrario, con una profunda actitud de adoración y veneración. Y, si de verdad lo amamos, hagamos que nuestro amor a El se convierta en obras de caridad y de auténtica vida cristiana. Sólo así seremos un verdadero testimonio de Cristo ante el mundo.

 

Para evangelizar basta el bautismo

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«Estoy pensando en nosotros, los bautizados… ¿Creemos en esto, que el bautismo basta, es suficiente para evangelizar? O esperamos que el sacerdote nos lo diga, que el obispo nos lo diga…». Con pocas palabras, pronunciadas durante la homilía de la misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta, el Papa Francesco aludió nuevamente a los rasgos característicos de la experiencia cristiana que pretende sugerir a todos en su nuevo trabajo como obispo de Roma y sucesor de Pedro.

Para el Papa Bergoglio, así como sus predecesores y como indica el Catecismo de la Iglesia católica, la evangelización no es una militancia. El sujeto de la vida cristiana no es el detentor de las ideas correctas o de una visión ético-religiosa, sino el bautizado que en lo ordinario de su vida ve florecer el don de la gracia que recibió con el bautismo. En la homilía de ayer, el Papa recordó la situación paradigmática de los primeros cristianos que, después de la persecución y del martirio de San Esteban huyeron de Jerusalén y se diseminaron por Judea y Samaria, llevando consigo «la riqueza que tenían: la fe».

Pero también recordó una imagen que usa a menudo cuando quiere tratar de explicar las dinámicas inconfundibles de la vida cristiana: la de la comunidad de los bautizados del Japón del siglo XVII que, después de la expulsión de los misioneros extranjeros, permanecieron sin sacerdotes durante 200 años. «Cuando después de todo este tiempo volvieron nuevamente otros misioneros», contó Francisco, «encontraron a todas las comunidades sin problemas: todos bautizados, todos catequizados, todos casados por la Iglesia, y, los que habían muerto, sepultados cristianamente. No hay sacerdote… ¿Quién hizo todo esto? ¡Los bautizados!».

La intención del obispo de Roma -hay que recordar su reciente homilía para la Misa Crismal del Jueves Santo– no es la de teorizar una “iglesia sin sacerdotes”. Los sacramentos de la eucaristía y de la confesión (que siempre han sido el centro de su preocupación como pastor de almas) pueden alimentar la fe del Pueblo de Dios gracias al ministerio generoso de los sacerdotes ordenados. Pero todos los sacramentos -repitió Bergoglio- son «gestos del Señor. No son prestaciones o territorios de conquista de sacerdotes u obispos».

Incluso por este motivo, durante los últimos años, toda la pastoral de Buenos Aires se ha replanteado para facilitar de cualquier manera el acceso de todos al bautismo y a los demás sacramentos, evitando fariseísmos y peticiones de prerequisitos espirituales o morales que no están previstos en el código de derecho canónico.

MIÉRCOLES DE CENIZA

La Cuaresma comienza con el miércoles de Ceniza; tiempo de oración, penitencia y ayuno.
Cuaresma viene de cuarenta.
Las palabras que se usan para la imposición de ceniza, son: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” o “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás.” Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior o si no se guardaron se puede utilizar algún elemento orgánico que genere dichas cenizas.
El simbolismo de la ceniza es el siguiente:
    a) Condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte.
    b) Situación pecadora del hombre.
    c) Oración y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda.
   d) Resurrección, ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.
El origen de la costumbre.
Antiguamente, los judíos acostumbraban a cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y como signo de conversión a Dios. En Jonás 3,6 los habitantes de Nínive se cubrieron de ceniza como signo de arrepentimiento. Y así en muchos textos del Antiguo Testamento, la ceniza fue signo de arrepentimiento y penitencia.
En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse. En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días.
Pero no todo es penitencia en cuaresma.
Días previos al miércoles de ceniza en muchos lugares se acostumbra hacer el famoso carnaval.  La palabra carnaval significa “supuestamente” adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar con la carne de consumo antes de empezar la Cuaresma, ya que en este tiempo no debe comerse. Con este pretexto, en muchas localidades se organizan días previos al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumen todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma. Desde hace mucho tiempo este famoso carnaval empezó a degenerarse, pasando a ser  un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se “arrepentirían”durante la cuaresma. En algunos lugares los carnavales se hacen enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la “carne” de forma exagerada, tal como sucede en Brasil, Nueva Orleans y algunos estados de México. Estos festejos o carnavales, reitero,   no pertenecen a la celebración de la cuaresma que la Iglesia propone, aunque muchos los relacionan.
Mejor hablemos del miércoles de ceniza.
Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para  vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.
¿Cuál debe ser nuestra actitud al recibir la ceniza?
Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. Conversión o metanoía en la Biblia es volver a Dios. Entonces este tiempo es para reflexionar sobre nuestras actitudes para ser mejor persona. A esto yo le llamo, volver a Dios o metanoía.
El ayuno y la abstinencia.
El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne los viernes. Este es un modo de ofrecer un sacrificio y negarnos algo durante los 40 días que dura la cuaresma.
Pero cuidado. LA CENIZA NO ES UN SACRAMENTO.
La ceniza no es un sacramento, no nos quita nuestros pecados. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Muchas personas acuden a la imposición de ceniza por pensar que les va a quitar sus pecados. La ceniza podemos catalogarla en la lista de los sacramentales. Los sacramentales son, según el catecismo de la Iglesia católica: “signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida”; #1667
Por último
Así como la ceniza algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo en el hombre nuevo. Comencemos esta cuaresma con humildad, ayuno y oración para poder estar cada vez más cerca de Dios.