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El formador como testigo proyectado al futuro

El formador como testigo proyectado al futuro

El reto
Hablar de la formación de la vida consagrada es un tema apasionante en el día de hoy. Vienen a nuestra mente los grandes retos que los formadores deben enfrentar en el día de hoy. Si el formador es un iluso que quiere tan sólo aplicar al pie de la letra los manuales de formación producidos por su congregación o la ratio formatonis, se encontrará en un peligro. El peligro de querer calcar un modelo que quizás ya no es actual para los tiempos de la postomodernidad en la que nos encontramos.

Hoy el mundo cambia en cada instante, en cada momento. Lo que hoy es actual, en poco menos de lo que pensamos comenzará a ser obsoleto. La técnica, comoe verdad fundamental del hombre, se erige maestra de la verdad que enseña al hombre a ser feliz, pero sin jamás alcanzar dicha felicidad. “En la cultura contemporánea se tiende a menudo a aceptar como verdad sólo la verdad tecnológica: es verdad aquello que el hombre consigue construir y medir con su ciencia; es verdad porque funciona y así hace más cómoda y fácil la vida. Hoy parece que ésta es la única verdad cierta, la única que se puede compartir con otros, la única sobre la que es posible debatir y comprometerse juntos”1. Y el formador debe hacer las cuentas con esta visión con la que llegan los jóvenes al proceso de formación. Un reto por hacerles ver que la felicidad no consiste simplemente en el buen funcionamiento de las cosas, que después podrá traducirse en eficientismo en su trabajo apostólico. Si las cosas funcionan bien en la parroquia, en el hospital o en la escuela, entonces significa que he cumplido con la voluntad de Dios y Dios mismo me premia con los frutos apostólicos y con un sentimiento de agrado por el deber cumplido. Es un error que se convierte en un reto para el formador al educar a los jóvenes en la fe. La fe no es meramente un sentimiento o una convicción de que estamos haciendo bien las cosas, identificando indiscriminadamente ese buen cumplimiento de la misión por la voluntad de Dios. Sustituimos la fe con un sentimiento de bienestar personal o comunitario. “La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida”2.

Otro de los retos que enfrentan los formadores hoy en día es el individualismo que aísla a las personas porque las hace pensar que su verdad es la única que cuenta y que ha de llevarse a cabo a toda costa. Descentrados de la verdad, buscan llevar a cabo sus propias verdades, sin tener un pensamiento rigoroso que les ayude a descubrir en todo la verdad y no sus propias verdades. Como decía Antonio Machado: “¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”3. El reto del relativismo interpela constantemente al formador. Acostumbrado el joven cómo está a no buscar la verdad sino a creer en sus propias verdades, queda reducido a una larva humana, incapaz de comprender el mundo y de comprenderse a sí mismo. Al ser todo relativo no encuentras puntos fundamentales sobre los cuales construir su propia viva negándose a construir su propia identidad. Con tal tendencia llegan los jóvenes a iniciar su vida consagrada. Y el formador deberá hacerles ver la posibilidad, aunque lejana, de que una verdad, la sola verdad existe y permea todas las realidades existentes. Es al encuentro de la verdad el reto al que están llamados los formadores a iniciar a los jóvenes que buscan su propia realización en la vida consagrada. “Por otra parte, estarían después las verdades del individuo, que consisten en la autenticidad con lo que cada uno siente dentro de sí, válidas sólo para uno mismo, y que no se pueden proponer a los demás con la pretensión de contribuir al bien común. La verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto, es vista con sospecha. ¿No ha sido esa verdad —se preguntan— la que han pretendido los grandes totalitarismos del siglo pasado, una verdad que imponía su propia concepción global para aplastar la historia concreta del individuo? Así, queda sólo un relativismo en el que la cuestión de la verdad completa, que es en el fondo la cuestión de Dios, ya no interesa”4.

Estos dos grandes retos están pidiendo una necesaria formación de los formadores. No pueden ya quedarse únicamente con una formación superficial en la que lo único que contaba era el formar al individuo de acuerdo con un modelo previamente establecido a través de la ratio y de las sanas tradiciones de la congregación.

La velocidad con la que cambia el mundo pide soluciones nuevas a dichos cambios, quizás no consignados en la ratio. Podemos explicarlo mejor diciendo que en un mundo que cambia constantemente no es posible adelantarse a dichos cambios y quedarse en el pasado genera solamente posturas fundamentalistas tan dañinas para el proceso de formación. Hoy los formadores enfrentan el reto de transmitir un carisma en un mundo cambiante, por ello deben formar personas que tengan claros los fundamentos de su fe y sepan adaptarlos a las situaciones cambiantes. Es una tensión entre pasado, presente y futuro.

Pasado porque los formadores deben ser ante todo memoria viviente de una fe que viene de un tiempo anterior al actual, pero que es viva y que se verifica en el presente. Presente porque mira o debe mirar al día a día como espacio en dónde se realizar y se lleva a cabo la fe. Y futuro porque debe prepararse al cambio de cada día. No pueden ya los formadores contentarse con modelos de la transmisión de la fe que no tomaban en cuenta esta tríada temporal y que quizás se contentaban tan sólo con transmitir conocimientos de la fe. El gran reto es sobre todo transmitir la experiencia de la fe que hace que el hombre pueda adaptarse a las situaciones más cambiantes e inéditas que nos presenta el mundo de hoy.

La solución: testigos mirando y proyectados al futuro.
La fe no es una idea. Transmitir una idea es sencillo. Basta con escribir un buen libro y tener una buena pedagogía. Lo que se pretender transmitir es más que una idea. Es una experiencia de vida. “Pero lo que se comunica en la Iglesia, lo que se transmite en su Tradición viva, es la luz nueva que nace del encuentro con el Dios vivo, una luz que toca la persona en su centro, en el corazón, implicando su mente, su voluntad y su afectividad, abriéndola a relaciones vivas en la comunión con Dios y con los otros”5.

Un formador que transmite tan solo conocimientos es un formador que destina su cometido al fracaso. Los jóvenes de hoy no necesitan conocimientos con los cuales ilustrar su entendimiento. Necesitan la vivencia de una persona que con su vida les transmita la experiencia de la fe que los haga llegar a ser portadores de una forma de vivir el evangelio, un carisma, en el mundo de hoy, al que le falta precisamente la luz de la fe, la luz del evangelio.

Mas que portadores y explicitadotes de ideas, los formadores deberán ser portadores y explicitadotes de una experiencia del espíritu que puedan transmitir a sus formandos. Son testigos de una experiencia de vida, que si bien viene del pasado se proyecta ineludiblemente hacia el futuro.

La ratio formationis deberá convertirse por tanto en una síntesis activa de una experiencia carismática que se proyecta hacia el futuro. No es tan sólo el compendio de una dosis de conocimientos que deben adquirir los formandos. Debe ser ante todo una guía para que cada formando, con la ayuda de formadores cualificados, puedan realizar la misma experiencia espiritual que llevó a cabo el fundador y dio sentido a su vida, lanzándolo a una misión específica dentro de la Iglesia. Los formadores deberán ser entonces testigos de una experiencia de vida que ya han experimentado, que ya han vivido. El joven de hoy, como decía Pablo VI no se contenta con maestros, lo que quiere son personas que han experimentado lo que enseñan. La vertiente apostólica debe nacer de una vertiente carismática, de lo contrario se reduce a profesionalismo de tareas meramente sociales, sin una vivencia espiritual de lo que se hace.

Un aspecto importante en esta forma de proyectar la formación es el cuidado que deben ponerse al conformar las comunidades de formación, evitando por todos los medios posibles que dichas comunidades se mezclen con las ya formadas. Puede darse un sano intercambio, unas visitas programadas a estas casas bajo la supervisión del formador, pero se debe privilegiar un espacio autónomo de estas comunidades de formación, con sus propios tiempos y modos que son los adecuados de una transmisión cuidada y selecta de una experiencia de vida que será fundamental, será el perno de la vida futura de cada formando.

Por último para formar o escoger formadores proyectados hacia el futuro, la congregación deberá fijar su mirada en aquellos que de alguna manera han tenido experiencia, la más amplia posible en los distintos apostolados que desarrolla la congregación. Pensar como se hacía antes, en el clásico maestro de novicios que después de profeso realizó siempre trabajos de formación, puede ser hoy en día un dato obsoleto para eliminarse en las congregaciones. Quien no se ha emocionado con un apostolado en el contacto con la vida real, quien no ha llorado al ver perder la fe en tantos jóvenes y adultos, ¿qué experiencia espiritual podrá haber alcanzado? Creo que los modelos pseudos místicos de aquellos formadores encerrados en cuatro paredes deben caer y dar paso a aquellos formadores de experiencia acumulada en el contacto diario con la vida. No por nada es sabia la norma de que los cargos en la vida consagrada deben renovarse constantemente. Con el cumplimiento de esta norma, con un profundo conocimiento del joven de hoy y una vivencia fuerte y auténtica de la propia experiencia del espíritu, el formador podrá llamarse verdaderamente testigo de la transmisión de la fe proyectado hacia el futuro.

Se transformará en alegría

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Del santo Evangelio según San Juan 16, 16-20

Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver». Entonces algunos de sus discípulos comentaban entre sí: «¿Qué significa esto que nos dice: «Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me volverán a ver?». Decían: «¿Qué es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir». Jesús se dio cuenta de que deseaban interrogarlo y les dijo: «Ustedes se preguntan entre sí qué significan mis palabras: «Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver». Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo. 

Oración introductoria 

Jesús mío, Tú, que eres tan grande, me conoces, conoces mi corazón, mis virtudes y mis debilidades. Tú sabes que hay muchas cosas en mi corazón que me inquietan y me acongojan. Todo ello te lo ofrezco para encontrar en ti mi alegría.

Petición

Padre bueno, te pido me des fuerza para enfrentar todas las dificultades que encuentro en mi vida; aumentes mi fe, para que crea en tu palabra; aumentes mi esperanza para que me abandone en ti y confíe plenamente que nada me separará de tu amor

Meditación del Papa Francisco

El Espíritu Santo que guía a la Iglesia, y a cada uno de nosotros, a la Verdad plena. En nuestros días, marcados por el relativismo, es necesario preguntarnos como Pilato: ¿Qué es la Verdad?. La Verdad con mayúsculas no es una idea que nosotros nos hacemos o consensuamos, sino una persona con la que nos encontramos. Cristo es la Verdad, que se ha hecho carne. Y el Espíritu Santo hace posible que lo reconozcamos y lo confesemos como Señor.
El Espíritu Santo nos recuerda las palabras de Jesús y las imprime en nuestros corazones. Él es la ley inscrita en nuestro interior, donde tomamos las decisiones. El Espíritu Santo, además, nos lleva a la inteligencia de la Verdad completa. Él es quien suscita el sentido de la fe en los creyentes creando una comunión, cada vez más profunda, con Cristo. Mediante el Espíritu Santo, el Padre y el Hijo hacen morada en nosotros. (S.S. Francisco, 15 de mayo de 2013). 

Reflexión 

El cristianismo es el camino de la alegría. Al igual que en la vida de Jesús, los cristianos encontramos muchas cruces en nuestro camino, por que es estrecha la puerta y angosto el camino que lleva a la Vida. Un camino arduo; pero, sobretodo, lleno de alegría, de la alegría profunda de poseer a Dios, de tener el triunfo y la bienaventuranza final asegurada.

Propósito

Me esforzaré por dejar de lado toda crítica y queja sobre las dificultades de mi día y le daré gracias a Dios por acompañarme este día.

Diálogo con Cristo

Jesús, hoy no te quiero pedir me quites mis cruces, es más te las quiero agradecer. Te las agradezco por que sé que Tú me las has dado por que sabes que yo puedo con ellas, por que sabes que con ellas me puedo unir a ti, y ahí es donde me doy cuenta de que no pesan las cruces y sólo queda la alegría de saberme tu amado.

El camino de Dios es de renuncia, de mortificación, de entrega, pero no de tristeza o de apocamiento (San José María Escrivá, Amigos de Dios, 128)

Cuando venga el Espíritu Santo

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De santo Evangelio según san Juan 16, 12-15 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros. 

Oración introductoria

Señor, creo que estás presente aquí y ahora, dispuesto a derramar tu luz en mi oración. Tengo la confianza en que me darás la gracia que necesito para crecer en el amor y poder así dar el testimonio que puede acercar a otros a querer experimentar también tu presencia. Gracias por tu amor, por tu inmensa generosidad, te ofrezco mi vida y todo mi esfuerzo. 

Petición

Espíritu Santo, aumenta mi fe para que ninguna distracción me aparte del gozo de poder experimentar tu cercanía y tu amor. 

Meditación del Papa Francisco

Preocupación por generar procesos que construyan la plenitud humana en vez de obtener resultados inmediatos que producen un rédito político fácil, rápido y efímero].Este criterio también es muy propio de la evangelización, que requiere tener presente el horizonte, asumir los procesos posibles y el camino largo. El Señor mismo en su vida mortal dio a entender muchas veces a sus discípulos que había cosas que no podían comprender todavía y que era necesario esperar al Espíritu Santo. 
La parábola del trigo y la cizaña grafica un aspecto importante de la evangelización que consiste en mostrar cómo el enemigo puede ocupar el espacio del Reino y causar daño con la cizaña, pero es vencido por la bondad del trigo que se manifiesta con el tiempo. (S.S. Francisco, exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 225). .

Reflexión

Mucho tengo todavía que deciros…

Cristo tiene todavía muchas cosas por decirte. Él quiere hablarte al oído, al corazón. Quiere verte a los ojos y, con sólo su mirada, decirte que te ama. Él es el Maestro, el Señor. Y sus palabras son palabras de vida eterna, alimento para nuestras almas. 

Pero quizá tampoco ahora estemos preparados para digerir lo que Cristo nos quiere decir. Quizá aún vemos demasiado con los ojos de la carne y pensamos demasiado como los hombres y no como Dios. Quizá todavía vivimos apegados a las cosas de la tierra y no hemos aprendido aún a poner nuestros ojos y nuestro corazón en los bienes del cielo. Debemos por tanto aprender a abrir nuestras almas a la luz nueva de Cristo. Una luz que ilumina nuestras vidas y la historia del mundo haciéndonos descubrir la mano amorosa y providente de Dios. Aprenderemos a ver todo desde Dios, con los ojos de Dios. Entonces seremos los golosos de Dios. Llegaremos así a saborear, degustar, paladear el plan magistral y la maravillosa acción de Dios en la historia de la salvación. 

Es cuestión de ser dóciles al Espíritu Santo, al Espíritu de la verdad. Él nos llevará hasta la verdad plena. Nos anunciará lo que ha de venir. Nos enseñará a leer los signos de los tiempos, a ver la mano de Dios en todos los acontecimientos de nuestra vida ordinaria, a amar los caminos misteriosos y fascinantes por los cuales conduce al hombre y a la creación entera a la instauración total en Cristo. 

Propósito

Hacer una oración de agradecimiento a Dios por el don de mi fe, preferentemente ante el Santísimo. 

Diálogo con Cristo

Jesús, no dejes que la pereza o el desaliento dominen mi determinación de vivir siempre en tu presencia. Dame tu gracia y el amor que me mueva a hacer rendir todos los dones con los que has colmado mi vida. 

Jesús nos prepara una morada

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Del santo Evangelio según san Juan 14, 1-6 

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros.Y adonde yo voy sabéis el camino. Le dice Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Le dice Jesús: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. 

Oración introductoria

Señor, sosteniéndome con tu gracia me das la vida y, porque me amas, quieres mostrarme el camino, la verdad y el estilo de vida que me puede llevar a la felicidad. Ilumina mi oración, aparta la distracción para que pueda experimentar tu presencia y tu cercanía. 

Petición

Jesús, quiero ser dócil a tus inspiraciones, ¡ilumíname! 

Meditación del Papa Francisco

Yo no hablaría, ni siquiera para quien cree, de una verdad “absoluta”, en el sentido de que absoluto es aquello que está desatado, es decir, que sin ningún tipo de relación. Ahora, la verdad, según la fe cristiana, es el amor de Dios hacia nosotros en Cristo Jesús. Por lo tanto, ¡la verdad es una relación! A tal punto que cada uno de nosotros la toma, la verdad, y la expresa a partir de sí mismo: de su historia y cultura, de la situación en la que vive, etc. 
Esto no quiere decir que la verdad es subjetiva y variable, ni mucho menos. Pero sí significa que se nos da siempre y únicamente como un camino y una vida. ¿No lo dijo acaso el mismo Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”? En otras palabras, la verdad es en definitiva todo un uno con el amor, requiere la humildad y la apertura para ser encontrada, acogida y expresada. (S.S. Francisco, 11 de septiembre de 2013).

Reflexión

Este discurso es un “adiós, pero estaré con vosotros”. Para nosotros, dos mil años después, no es fácil captar el drama que la partida de Jesús significó para sus discípulos. Ellos habían dejado todo: casa, familia, amigos, posesiones, … Y ahora, justamente en el momento de mayor peligro, cuando buscaban matar al maestro, Él dice que debe partir. 

¿Qué harían sin Él? ¿Cómo continuarían la bella experiencia que habían hecho a su lado? Era un momento difícil. Jesús, que siempre sabe lo que hay en nuestros corazones, se anticipa a las preguntas. Les dice: “No se turbe vuestro corazón”. 

Con este mensaje podemos permanecer tranquilos sabiendo que vivimos en Cristo si estamos unidos a Él a través de los sacramentos. Sin embargo, si tratamos de buscar la felicidad fuera de Él, nos arriesgamos a perdernos, porque “ninguno viene al Padre si no es por medio de Mí”. La oración bien hecha, la misa bien vivida, la meditación en la Palabra de Dios, la confesión, la caridad fraterna vivida con magnanimidad, … son los medios para vivir la amistad con Cristo, para vivir en el amor de Cristo: amor que es más fuerte que la muerte.

Diálogo con Cristo 

No soy católico por seguir unos mandamientos o creer en una doctrina, sino por seguir a una persona, que me ama. Jesús, quiero ocupar esa habitación que con tanto amor has preparado para mí. No permitas que sea indiferente a esta maravillosa verdad. Ayúdame a permanecer siempre cerca de Ti, por la frescura y la delicadeza de la vida de gracia, por los momentos de oración y por la fidelidad a las inspiraciones del Espíritu Santo.

Propósito

Ayunar de pesimismo para crecer en la esperanza de que, con Cristo, puedo ser santo.

Los cristianos y la política

Los cristianos y la política

Las convicciones
-1º. La fe cristiana extiende su influencia a todas las áreas de la vida, también a las actividades políticas. Éstas, en la medida en que son acciones humanas, tienen que estar reguladas y justificadas por unos criterios morales. Cuanto se pueda hacer en política, tiene una dimensión moral, arraigada en la naturaleza misma de las cosas y regida por la ley suprema del respeto a la dignidad y a los derechos de las personas. La vida política de un país no puede fundarse únicamente en el consenso de los diferentes grupos, sin ninguna referencia moral superior y objetiva. Un pueblo sin convicciones morales absolutas es un barco a la deriva.

Deben garantizar
-2º. Cualquier actividad política, concebida desde una visión cristiana de la vida, ha de entenderse y realizarse como un servicio efectivo a la comunidad, con el fin de proteger y favorecer el bien común de todos los ciudadanos. La búsqueda sincera del bien común es la indispensable justificación de cualquier institución o iniciativa política. Este bien común consiste en la promoción y garantía de las condiciones necesarias para que los ciudadanos puedan desarrollar su vida y disfrutar de los bienes comunes en las mejores condiciones posibles. En cualquier situación, las instituciones políticas deben garantizar a todos los ciudadanos el derecho a la vida y a la educación, a la sanidad, al trabajo y a la vivienda; la libertad de expresión, la capacidad de iniciativa y responsabilidad en el proyecto y realización de su propia vida.

Católicos consecuentes en cualquier partido

-3º. La fidelidad a las exigencias de la moral social cristiana suscita unas características y obligaciones comunes en la acción política de los católicos, independientemente de las preferencias políticas que tengan o de los partidos en que militen. En el momento presente, las principales exigencias éticas para el voto y la actividad política de los católicos son: la defensa de la vida humana desde el momento de su concepción hasta la muerte natural; la defensa y protección de la familia en todas sus implicaciones económicas, sociales, culturales y morales, sin equipararla a otras formas de vida posibles; la defensa de los menores y de los más débiles o necesitados, como pueden ser los inmigrantes, los sin trabajo, las mujeres amenazadas, los enfermos crónicos y terminales; la defensa de la libertad, de la convivencia y de la paz contra todas las agresiones, discriminaciones y amenazas; la protección de la libertad religiosa; la promoción de la justicia y la solidaridad entre los pueblos, las religiones y las diferentes culturas; el respeto y la defensa de las enseñanzas morales de la ley natural y de la fe cristiana en la inspiración de las relaciones y actividades sociales en los diferentes órdenes de la vida. Los católicos tenemos derecho a promover una política que esté de acuerdo con nuestras convicciones antropológicas, sociales y morales, siempre por métodos democráticos y de acuerdo con las exigencias del bien común y de las libertades civiles. Negarnos este derecho sería tanto como querer instaurar una política restrictiva y discriminatoria. Los políticos católicos tienen obligación de favorecer sincera y eficazmente estos objetivos. Dejar de hacerlo voluntariamente sería una grave omisión. Criticarlos por hacerlo sería intolerancia y discriminación.

Las convicciones y las medidas a tomar

-4º. A partir de unas convicciones morales comunes, los católicos tienen verdadera libertad para actuar en política según su mejor saber y entender y bajo su estricta responsabilidad personal. En estos asuntos, aun respetando las mismas normas morales, hay situaciones diversas y no pocos elementos opinables que dan lugar a opiniones distintas y a proyectos diferentes, todos legítimos, aunque no todos tengan el mismo valor. No conviene confundir la libertad y diferencia de opiniones y proyectos con el relativismo o indiferentismo moral. En el orden moral, como en el técnico y profesional, no todo es igual. Hay unas referencias objetivas y comunes, y las diversas iniciativas valen más o menos según respondan mejor o peor a los valores morales comúnmente reconocidos como garantía del bien personal y social. La idea de que la democracia necesita desarrollarse en un clima laicista y moralmente relativista no tiene un fundamento intelectualmente serio y esconde graves peligros prácticos. La política y los políticos tienen que sentirse guiados y regidos por unas referencias morales objetivas, superiores a ellos y respetadas por todos. Lo contrario abre el camino a la arbitrariedad y al autoritarismo civil, cultural y moral.

Los ciudadanos votantes
-5º. Estos criterios no valen sólo para los dirigentes políticos, sino que iluminan también la intervención de los ciudadanos en la vida política y en la gestión de los asuntos comunes mediante el ejercicio del voto y su intervención en la opinión pública. Los votantes tienen que apoyar con su voto a quienes mejor garanticen los diferentes elementos del bien común, en sus dimensiones materiales, culturales, morales y religiosas, según su propia importancia y las urgencias de cada lugar y de cada momento. Al votar, cada uno podemos defender nuestros derechos y buscar nuestros legítimos intereses, pero teniendo también en cuenta el bien de los demás y de todo el conjunto de la sociedad. El respeto a la verdad, la voluntad sincera de favorecer el bien general, la defensa decidida de la libertad, la justicia y la convivencia, en el marco del Estado de derecho, valen más que las agrias polémicas. Cuando la política se enreda en discusiones partidistas, dejando en segundo lugar las verdaderas necesidades de los ciudadanos, entramos en un proceso de deterioro que desprestigia las instituciones políticas y empobrece la vida de la comunidad social.

La Iglesia estimula a los cristianos a serlo en política

-6º. La Iglesia tiene la obligación y el derecho de instruir y animar a los cristianos para que ejerzan sus derechos y actúen en los diferentes momentos y niveles de la vida política en conformidad con las exigencias sociales y morales de la fe cristiana, sin perjuicio de la libertad y del legítimo pluralismo de los cristianos en materia política, en colaboración con los demás ciudadanos y sin instrumentar en ningún momento las instituciones o realidades eclesiales y cristianas a favor de sus ideas o intereses políticos. A la vista de estas consideraciones, cada uno tiene que ver qué ideas, qué líderes y qué instituciones políticas se acercan más y atienden mejor al bien común de todos los ciudadanos según la moral social de la Iglesia católica. Hay valores de orden moral que afectan al bien de las personas, de las familias y de los diferentes sectores de la vida social, cultural y económica, en donde los católicos tenemos que hacernos escuchar sin miedos ni titubeos, como puede hacer cualquier otro grupo. Y todo ello, no para provecho propio sino para el bien integral de nuestra sociedad. Estos mismos valores tienen que aparecer en la gestión de todos los políticos cristianos. En definitiva, la fe y la moral cristianas tienen que ser operantes en todas las esferas de la vida, también en las opiniones y actuaciones políticas.

La hora de la persecución

La hora de la persecución

Es hermoso, es de almas grandes, vivir con honestidad. Quien asume principios de justicia, quien vive según una ética verdadera, enriquece su existencia, promueve el bien entre los hombres, ofrece al mundo el tesoro de su ejemplo y de su amor.
Pero muchos se sienten incómodos ante la honestidad. Por eso, defender los principios éticos lleva no pocas veces a sufrir críticas, discriminaciones, ataques más o menos directos, o incluso la cárcel o la muerte.

A lo largo de los siglos, muchos hombres y mujeres han sido perseguidos por defender sus convicciones más profundas. Ya en el Antiguo Testamento leemos historias como la de los siete hijos de una mujer judía que sentían un profundo amor por la Ley de su Dios: prefirieron la muerte bajo el tirano Antíoco que la vida en la injusticia (2Mac 7,1-42).

El caso de Juan el Bautista nos impresiona profundamente. No tuvo miedo en decirle al rey Herodes que estaba en pecado grave de adulterio. Por eso sufrió el martirio, y con su sangre testimonió que hay normas que valen para todos, incluso para los tiranos.

… o guardar silencio
El obispo san Estanislao (1058-1079) fue asesinado a los 31 años por haber recriminado al rey Boleslao II de Polonia sus injusticias y pecados. Estanislao tuvo valor, porque sabía que es noble la vida de quien advierte por amor al hermano para que se corrija de sus faltas, mientras que es miserable la vida de quien calla por miedo, para conservar algo de riquezas, para «sobrevivir» un poco más de tiempo en esta tierra pasajera…

En tiempos recientes, millones de bautizados sufrieron el martirio, la cárcel, la pérdida de sus bienes y derechos, por oponerse a gobiernos dictatoriales, como los que nacieron del comunismo, del fascismo y del nacismo. Prefirieron denunciar la injusticia y la inmoralidad de ideologías y gobiernos opresores a vivir cómodamente sometidos a los dictadores de turno.

Todavía hoy son perseguidos miles de católicos. Creer en Cristo y vivir la ética del Evangelio no será nunca fácil. Defender los principios de la justicia social, de la ética matrimonial, del respeto a la vida contra los defensores del aborto o del infanticidio, de la dignidad de los pobres y de los enfermos, será el «motivo» que les hará sufrir la persecución. Tal vez será una persecución sutil (como la que se realiza a través de calumnias y mentiras con la ayuda de algunos medios de comunicación social). En otros casos se tratará de persecuciones descaradas: denuncias ante tribunales, agresiones físicas, arrestos arbitrarios, leyes que impiden a los cristianos manifestar sus propias convicciones en la vida pública.

No tienen la última palabra
Cristo nos advirtió que seríamos odiados por el mundo. Pero también nos consoló con palabras que sólo pueden venir de Dios: «En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). A pesar de la fuerza de quienes quieren ahogar la voz de la Iglesia, de quienes buscan imponer como algo normal comportamientos sexuales, económicos, políticos o individuales que no respetan la verdad sobre el hombre y sobre sus deberes y derechos, la fuerza de nuestros principios prevalecerá.

La última palabra de la historia no la tienen ni Antíoco, ni Herodes, ni Boleslao, ni Hitler, ni Stalin, ni Mao, ni los grupos de presión que dominan no pocos ámbitos de nuestros estados. La última palabra la tienen el Amor, la Justicia y la Verdad. Un Amor que, entre nosotros, bautizados, también nos llevará a perdonar a los enemigos y a tender la mano a quienes tanto daño hicieron; y que necesitan, por lo mismo, mucha más misericordia para abrirse a la vida verdadera, al conocimiento de un Dios que es Padre de todos, del santo y del pecador. Que quiere, por lo mismo, que todos los hombres se salven a través del conocimiento de la verdad (1Tm 2,4). Una verdad que tiene nombre e historia, que nació y vivió entre nosotros, que continúa en su Iglesia y, especialmente, en la Eucaristía. Una verdad que se llama Jesucristo, y que sostiene y da fuerzas a los millones de mártires que saben dar, con su vida, testimonio de los auténticos valores del espíritu.

Recristianización de la sociedad

Recristianización de la sociedad

Todos los laicismos de que hablábamos en el artículo anterior se apoyan y desarrollan gracias a un materialismo práctico que actúa a modo de caldo de cultivo adecuado: la mentalidad hedonista propia de buena parte de la población, –también de muchos católicos practicantes–, que considera como valor supremo el placer, el confort, el bienestar, y que cifran la felicidad en disponer de medios que les permitan consumir. Al irse desvirtuando los principios y valores cristianos, se hace necesario el encontrar otro fundamento a la realidad. Y se encuentra en otro materialismo pero de tipo teórico; y que ya no es como en buena parte del siglo pasado el marxismo, sino el “cientifismo”. El marxismo, con todos sus errores, tenía coherencia interna y trataba de dar una visión global del mundo. El “cientifismo” se contenta con negar a Dios, las realidades espirituales y la trascendencia. Y es muy poco coherente, puesto que para afirmar tales cosas va más allá de su propio método científico basado en la experimentación medible de los fenómenos sensibles; puesto que Dios y las realidades espirituales, no son sensibles ni pueden ser objeto de medida alguna, como han señalado repetidas veces los verdaderos y grandes científicos. Avala lo que digo unas declaraciones efectuadas por el rector de la Universidad Abierta de Cataluña hace un tiempo: “El hombre es un simple vector portador de genes; todo progreso científico es bueno en sí mismo; el pensamiento científico sustituirá a la religión, la filosofía, la teología y generará una nueva ética” Me parece que hablan por sí solas.

La verdad del gusto

Lógicamente la consecuencia de todo esto es la desvirtuación de los valores trascendentes y espirituales que hasta ahora contaban en nuestra sociedad admitidos por una inmensa mayoría, y su paulatina sustitución por otros de carácter inmanente y materialista, entre los que destacan el “individualismo y el utilitarismo”.

Dos formas de individualismo son el subjetivismo con relación a la verdad, y el subjetivismo ético. Lo que importa no es lo que las cosas sean en sí, sino lo que a mí me parece que sean. Y lo que cuenta no es lo bueno o lo malo, sino “lo que siento” o “lo que me gusta”. El hombre se erige a sí mismo en fundamento de la verdad y el bien.

Como el pez grande…

Manifestación muy clara de utilitarismo es considerar la economía como la máxima expresión de la política, y hacer del incremento del bienestar su principal aspiración. Pero dado que los recursos a nivel global son limitados, incrementar la porción de pastel de unos países supone detraerlo de otros, que normalmente son los del tercer mundo a quienes, por no disponer de la tecnología adecuada, les resulta más difícil aumentar su nivel de vida. Y así el abismo entre países del norte y del sur es cada vez mayor. O bien lograr ese bienestar cada vez mayor, a base de ir agotando recursos no renovables del planeta, con lo que se está poniendo en peligro el futuro de la humanidad.
Si me interesa todo vale

Y utilitarismo es también contemplar los embriones humanos como un bien económico; y si con la clonación terapéutica se consigue curar enfermedades, no importa que se destruyan algunos de ellos, –el fin justifica los medios– sin pararse a pensar demasiado si aquello es un ser humano o no. En definitiva que para la mentalidad individualista y utilitarista, lo bueno es lo útil, y esa utilidad viene establecida por la lógica del mercado.

Y mientras tanto los que nos consideramos católicos, ¿qué hacemos ante esta situación de descristianización manifiesta? Lamentarnos estérilmente. ¿Qué más podríamos hacer? Hablaré de ello en el siguiente y último artículo.